La gestión de la catástrofe del terremoto será el examen que pondrá a prueba al Gobierno chavista en un país que pasó años desmontando su propio Estado. Cuando Caracas dejó de temblar, la gente bajó a la calle. A buscar señal de internet, a rastrear quién no contestaba el teléfono, a comprobar qué edificio seguía en pie. La capital y, sobre todo, la vecina ciudad de La Guaira, se habían convertido en la zona cero de dos terremotos que han sumido a Venezuela en una nueva tragedia. El desafío es ahora rescatar a los heridos y contar a los muertos, realojar a los que se han quedado sin casa, equipar hospitales, atender psicológicamente a las víctimas y reconstruir. El problema es que el siniestro ocurre en una Venezuela con servicios básicos precarios, con medios limitados y una capacidad de gestión que está a prueba desde el minuto uno. La gestión del desastre pone a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, en la mira de todos. Y no solo a ella. Seguir leyendo