Los padres de Ricardo, un hombre de 42 años fallecido en enero de 2025 Motril (Granada), han hecho pública la denuncia que presentaron en su día contra la funeraria encargada de organizar su entierro tras una serie de incidentes que, según sostienen, marcaron de forma traumática la despedida de su hijo. Encarnación y Gabriel consideran que el servicio prestado no fue el adecuado y reclaman ahora una compensación por los daños morales sufridos.Según el relato de la familia, Ricardo pesaba alrededor de 140 kilos y era una persona de complexión corpulenta. Su cuñado se puso en contacto con la funeraria tras el fallecimiento y advirtió de esta circunstancia para que se dispusiera de un féretro adaptado a sus dimensiones. Sin embargo, los familiares aseguran que la empresa no encontró uno adecuado, lo que provocó diversos problemas durante el proceso de velatorio y entierro.Tres cambios de féretro y una despedida imposibleEncarnación ha relatado en el programa Hoy en día algunos de los momentos más difíciles que, asegura, vivieron durante aquellos días. La madre explicó que, en el momento del entierro, "tuvieron que cerrar el ataúd a porrazos porque no había manera de meter al pobre", una escena que, según su testimonio, se produjo ante la imposibilidad de acomodar correctamente el cuerpo en el féretro disponible.En el velatorio tuvieron que cambiar el ataúd hasta en tres ocasiones. Los allegados no pudieron despedirse de Ricardo como deseaban, ya que el féretro terminó cerrado con cinta adhesiva, impidiendo su apertura para darle un último adiós antes del sepelio. Tampoco pudo ir a la iglesia para la misa por su eterno descanso debido a que el féretro no estaba cerrado del todo. La familia reclama daños morales"Cuando vinieron, lo cambiaron tres veces, se lo llevaron, luego nos lo trajeron con cinta adhesiva. Luego, a la hora de ir a la iglesia, no pudo ir porque la caja estaba abierta y, a la hora de enterrarlo, a fuerza de porrazos y una pila de personas achuchando por un lado y otro, allí lo metieron como pudieron. A mí no se me olvidará jamás", ha contado Encarnación, recordando que "pasamos un mal rato".Tras estos hechos, la familia decidió poner una queja en la funeraria y, posteriormente, emprender acciones legales exigiendo una reparación por el sufrimiento ocasionado. Los padres de Ricardo sostienen que la gestión del entierro agravó el dolor propio de la pérdida y defienden que las circunstancias en las que se desarrolló la despedida de su hijo les dejaron unas secuelas emocionales que consideran irreparables.