Una versión evolucionada de las transposasas asociadas a CRISPR consiguió insertar genes completos en células humanas sin provocar las roturas de doble hebra propias de CRISPR-Cas9. El sistema alcanzó eficiencias de hasta el 30% y podría permitir que una misma terapia tratara muchas mutaciones diferentes, aunque todavía debe demostrar su seguridad fuera del laboratorio.