El F-35 representa la apuesta más ambiciosa del Pentágono por un avión capaz de atacar, vigilar, compartir información y entrar en zonas defendidas sin ser detectado. Elon Musk cree que todo ese esfuerzo llega tarde. Para el responsable de SpaceX, el futuro pertenece a máquinas sin piloto que puedan fabricarse en grandes cantidades y asumir riesgos inaceptables para una tripulación.Su ataque va más allá de una discusión sobre prestaciones. Un caza concentra en una sola plataforma un piloto muy formado, sensores, armamento y años de mantenimiento; perderlo supone un golpe humano y económico. Los drones permiten repartir la fuerza entre más aparatos y plantean una forma distinta de gastar en defensa.La sentencia, sin embargo, adelanta un relevo que todavía no está listo. Los sistemas no tripulados han cambiado la guerra terrestre en Ucrania y Oriente Próximo, pero los modelos baratos carecen del alcance, la carga y la supervivencia de un reactor furtivo. El debate real está en la mezcla entre ambas familias de aeronaves.Una crítica de dos billones F-35 Block 4 en pleno vueloMusk lanzó su mensaje en X al cuestionar la continuidad del programa F-35. Tal y como recoge Business Insider, el empresario escribió que "los cazas tripulados están obsoletos" en la era de los drones y advirtió de que mantenerlos en primera línea terminaría costando vidas de pilotos. El twit en cuestión es del año 2025, pero sigue vigente hoy en día después de ver cómo se está desarrollando la Guerra de Ucrania. También calificó de absurdo seguir fabricando el avión de Lockheed Martin.El precio alimenta la acusación. Las estimaciones citadas por ese medio sitúan el coste total del programa durante su vida por encima de dos billones de dólares, una cifra que reúne compra, operación y mantenimiento durante décadas. Musk sostiene que el diseño nació condicionado por demasiadas misiones y variantes. A su juicio, esa acumulación encareció el resultado y dejó un aparato menos eficaz de lo prometido.Los conflictos recientes dan munición a ambas posiciones. Los drones baratos localizan tropas, corrigen disparos y atacan vehículos, mientras los grandes teatros aéreos exigen velocidad, combustible y armas de largo alcance. Además, la guerra electrónica puede cortar enlaces de control o navegación. Por eso, cantidad y autonomía no bastan cuando el aparato debe penetrar cientos de kilómetros en territorio vigilado.El mercado ya trabaja en una solución intermedia. El Ghost Bat de Boeing y otros aviones colaboradores están concebidos para acompañar a cazas, adelantarse en zonas peligrosas y ampliar sus sensores o su armamento. El humano conserva la decisión, mientras las aeronaves sin tripulación absorben parte del riesgo.El relevo todavía no existe Un F-35AEliminar la cabina ofrece ventajas físicas claras. Sin piloto, asiento eyectable, oxígeno ni otros sistemas de soporte, el diseñador gana espacio para combustible, sensores o armas. La aeronave también podría soportar maniobras por encima de los límites del cuerpo humano. Aun así, volar sin tripulación no garantiza autonomía: muchos drones dependen de comunicaciones vulnerables o de algoritmos con un repertorio limitado.Las pruebas más recientes intentan cerrar esa distancia. Un dron de Northrop Grumman ha intercambiado distintos sistemas de inteligencia artificial durante el vuelo sin perder el control. El ensayo demuestra que el software puede adaptarse a tareas sucesivas, aunque mantuvo a un piloto humano como respaldo ante cualquier fallo.El propio F-35 empieza a participar en ese camino. La Fuerza Aérea estadounidense ha probado cómo controla un dron táctico desde la cabina mediante enlaces de largo alcance. Lockheed Martin defiende que su avión seguirá actuando como nodo de mando, vigilancia y ataque. En esa combinación, el caza dirige una red en vez de combatir aislado.Musk acierta al identificar hacia dónde se mueve la industria, pero confunde la dirección con la llegada. Los ejércitos quieren aparatos desechables, programas de IA y enjambres capaces de asumir las primeras pérdidas. Durante años seguirán necesitando a alguien que juzgue una señal dudosa, cambie una misión en segundos o decida no disparar. La cabina perderá protagonismo antes que el piloto.