El Pentágono resucita tecnología de 1975 para mantener operativos sus portaaviones nucleares

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La rápida evolución de la tecnología comercial contrasta con la realidad de los sistemas militares de larga duración. Mientras la telefonía móvil renueva sus procesadores cada año, la maquinaria bélica estadounidense depende de componentes electrónicos diseñados hace medio siglo. Esta brecha temporal provocó una crisis de suministro que amenaza la operatividad de plataformas críticas del arsenal naval.Para solucionar este obstáculo logístico, el Departamento de Defensa recurrió a la ingeniería inversa de precisión. La Agencia de Logística de Defensa otorgó un contrato a la compañía Phoenix Semiconductor, que recibió el encargo de fabricar reemplazos directos para microelectrónica descatalogada. La medida busca establecer una cadena de suministro nacional segura para mantener activos los programas prioritarios.Según detalla el medio especializado Interesting Engineering, el proyecto contempla el diseño y validación de cuatro semiconductores de alta prioridad que sufren escasez en los arsenales estadounidenses. La estrategia consiste en adaptar componentes comerciales actuales para lograr una equivalencia total en formato y función con los dispositivos originales.El rescate de los portaaviones clase NimitzEl proyecto estrella de esta iniciativa militar apunta directamente al corazón de la Armada de los Estados Unidos. El Comando de Sistemas Navales Aéreos necesita urgentemente una pieza fundamental para el sistema de despegue y recuperación de aeronaves. Este complejo mecanismo electromecánico permite lanzar cazas a máxima potencia desde la cubierta de los portaaviones de propulsión nuclear.El problema logístico radica en que el cerebro de este sistema de catapultas utiliza el modelo Signetics 82S100. Este dispositivo es una matriz lógica fabricada por primera vez en abril de 1975. Su producción comercial cesó definitivamente a finales de la década de los ochenta, lo que dejó a los ingenieros militares sin repuestos originales en el mercado global.Ingeniería frente a rediseños millonariosLa alternativa a esta clonación de componentes resultaba prohibitiva para las arcas públicas del Pentágono. Rediseñar por completo las placas de circuitos militares exige una media de dos años de trabajo y un coste de dos millones de dólares por cada sistema afectado. Por ello, la recreación exacta de los dispositivos antiguos elimina estos plazos y asegura el mantenimiento de la flota.Este enfoque ya demostró su eficacia en otros sistemas de armamento naval. Recientemente, la misma compañía logró replicar con éxito los convertidores de la serie HZ de Datel. Estos componentes, originarios de 1977 y descatalogados en 2013, resultan esenciales para el funcionamiento del sistema de defensa de corto alcance que protege a los buques de guerra contra misiles.Los ingenieros consiguieron entregar las réplicas funcionales en apenas seis meses de trabajo. El éxito de estas operaciones demuestra que la superioridad militar moderna exige asegurar que la tecnología probada en combate siga funcionando sin contratiempos durante décadas.