La noche más corta del año ha vuelto. Del martes al miércoles, miles de personas se concentrarán en las playas y plazas de la provincia de Cádiz para celebrar la noche de San Juan. Una festividad que hunde sus raíces en los rituales del solsticio de verano y que, con el paso de los siglos, quedó vinculada al nacimiento de San Juan Bautista.En Cádiz capital, el centro de la ciudad concentrará la mayor parte de las actividades con la quema de los juanillos. A lo largo de toda la provincia, municipios como Conil de la Frontera, Chipiona, Chiclana, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda o Tarifa organizan sus propias hogueras, procesiones y actos festivos.El momento más esperado en muchos de estos lugares es la quema de los Juanillos, muñecos de tela y madera que satirizan a personajes y situaciones del año. Una tradición con mucho de chirigota gaditana que convierte la hoguera en crítica social.El fuego no es para pedirSaltar la hoguera un número impar de veces es uno de los gestos más reconocibles de la noche, considerado un acto purificador para ahuyentar los malos espíritus. En Andalucía, el número más repetido es el siete.El baño en el mar a medianoche es otro de los rituales más extendidos. Se le atribuyen propiedades purificadoras y muchos lo acompañan saltando las olas de espaldas, en número de siete o nueve según la zona, para alejar las energías negativas.Una familia se moja los pies en el agua a medianoche, otro de los rituales de San Juan.GERMÁN MESAY aquí llega el error más habitual. Muchas personas escriben sus deseos en un papel y los echan a la hoguera convencidas de que el fuego los cumplirá. Pero la tradición dice lo contrario: el fuego es un elemento purificador. Lo que se entrega a las llamas es aquello que se quiere dejar atrás, miedos, etapas cerradas, vínculos rotos o preocupaciones que ya no tienen sitio.Los deseos, al agua o bajo la almohadaLos deseos tienen otro destino. Algunos los escriben en un papel y los guardan bajo la almohada o en un lugar especial, como compromiso personal para el año que empieza. Otros los confían al mar, dejando que la marea se los lleve.También existe la tradición de lavarse la cara con el rocío de la madrugada o con agua de flores preparada esa noche, a la que se atribuyen propiedades de belleza y protección. En algunos municipios andaluces se recogen además hierbas medicinales antes del amanecer, consideradas especialmente poderosas en esta noche del año.