El conflicto en Ucrania ha impuesto duras lecciones tácticas que obligan a replantear el combate terrestre. El uso intensivo de sistemas no tripulados ha demostrado una eficacia incontestable en tareas críticas que abarcan desde el reconocimiento del terreno y el transporte de suministros hasta la evacuación de heridos y el combate directo. Ante esta nueva realidad, el Ejecutivo estadounidense reescribe su doctrina militar para integrar máquinas autónomas en las operaciones de mayor riesgo.La historia de este rearme tecnológico arranca con James Crowell, fundador y director ejecutivo de Crow Industries. Este empresario no tenía la intención de fabricar armamento militar cuando constituyó su compañía en Arizona. Su objetivo inicial pasaba por construir un vehículo de exploración minera para facilitar la industrialización del sistema solar y la expansión interplanetaria.El destino de su creación cambió cuando varios mandos militares presenciaron una demostración del prototipo. El Ejército estadounidense quedó impresionado por las dimensiones compactas del aparato, que pesa cientos de kilos menos que los modelos de la competencia. A partir de ese momento, el Pentágono se convirtió en su cliente principal, según detalla un extenso reportaje publicado por el portal especializado Small Wars Journal.El explorador espacial que patrulla el frenteEl fruto de esta alianza es el Fenris, un vehículo terrestre no tripulado que las tropas utilizan desde el pasado mes de septiembre. Fiel a sus orígenes, el sistema conserva sus capacidades de minería y opera tanto de forma autónoma como mediante control remoto. La clave de su éxito radica en su tamaño, dado que se comercializa en versiones de entre 317 y 680 kilos.Esta ligereza contrasta con otros sistemas adoptados por las fuerzas armadas. A modo de ejemplo, el modelo Hunter WOLF alcanza los 1.600 kilos de peso, un blindado pesado por el que el Gobierno adjudicó un contrato millonario hace un año. La apuesta actual del estamento militar pasa por equipos más pequeños y modulares que puedan desplegarse con agilidad sobre el terreno.La nueva doctrina de combate autónomoA principios de este año, los mandos militares abrieron un proceso de contratación para buscar un robot capaz de apoyar a las tropas en la denominada última milla táctica. Esta fase de las operaciones supone el momento exacto en el que las fuerzas de infantería afrontan la mayor amenaza enemiga. El general de brigada Anthony Gibbs confirmó que evalúan activamente varios prototipos comerciales para perfeccionar su uso en combate.Bajo la nueva doctrina que toma forma en Washington, los sistemas no tripulados se enviarán por delante de las tropas para observar el terreno, detectar emboscadas y enfrentarse a los adversarios antes de arriesgar vidas humanas. Los expertos vaticinan que en los próximos cinco años arrancará el despliegue de unidades militares completamente automatizadas, combinando vehículos terrestres, drones aéreos y embarcaciones en enjambres coordinados.