La influencer jerezana Sandra Ruiz anunció que se había comprado su primera vivienda y lo compartió con sus seguidores. La noticia, lejos de quedarse en una celebración personal, derivó en un enorme debate sobre el acceso a la vivienda entre los jóvenes. No es precisamente una mansión. La casa está antigua y necesita muchísimas reformas: en la cocina explotó —"presuntamente"— una bombona, el sótano no tiene escaleras y, en general, hay mucho que arreglar. Su mensaje fue celebratorio, pero con un trasfondo reivindicativo, con un "sabor agridulce": "Mientras yo puedo contaros esto, la mayor parte de mi círculo, haciendo las cosas igual de bien o mejor que yo, ni siquiera se plantean comprar una vivienda". Y remató: "Nos queda mucho que pelear para que estas fotos no sean algo extraordinario y la vivienda vuelva a ser un derecho".El detonante fue un hilo en Twitter en el que un usuario criticaba a Ruiz y a otros influencers por presumir de haberse comprado una casa. El revuelo fue tal que el autor del hilo terminó limitando el acceso a su cuenta. Las reacciones se dividieron. Hubo quien le afeó el mensaje: "No sé si os dais cuenta de la sensación que transmitís los influencers jóvenes al postear este tipo de fotos, cuando la mayor parte de España no se va a permitir una casa en la vida". Otros la defendieron sin matices: "¿Quieres que ella no celebre sus logros porque a alguien le puede sentar mal?". Y no faltaron las felicitaciones: "Enhorabuena, ojalá no tener que sentirnos privilegiadas por acceder a un derecho básico".Algunos lamentaban que "los únicos jóvenes que se pueden comprar un piso donde quieren sean influencers". Otros desviaban el foco: "No creo que el problema sea que los influencers se compren casas, deberíamos tirar para el gobierno y su nula intervención en la crisis de la vivienda. Si un futbolista se compra una mansión no os importa". También hubo quien defendió que tener vivienda en propiedad "es un hecho fuerte y digno de compartir".Así es la casaRuiz acompañó el anuncio con un vídeo en el que enseñaba la casa sin maquillaje. "¡Me he comprado una casa! Esto ha sido un parto completamente", contaba al inicio. Durante el recorrido mostró una cocina ennegrecida por la explosión de la bombona, espacios oscuros "de película de miedo", un garaje aún en estructura y ese sótano sin escaleras, un "boquetarro" al que bromeaba con asomarse.Pero el mensaje volvía una y otra vez a lo social. "Quien nace clase obrera, muere clase obrera", soltó, antes de añadir que "ahora cualquier VPO es un chalé en La Barrosa". Insistió en que no quería que el vídeo se entendiera como un "si yo he podido, tú también puedes": "Amores, ni ahorrando todo mi sueldo podría. No nos responsabilices a nosotros de cosas que no están en nuestra mano".Cerró con un deseo. Que "tener un hogar digno, estable y asequible deje de ser un motivo de celebración y sea algo sencillamente garantizado". Avisó, además, de que el proceso será largo —"año y largo, espero que no más"— y de que irá enseñando la transformación de su pequeña ruina poco a poco.