Una ciudad que sonríe

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Hay ciudades que aprendemos de memoria en los mapas y ciudades que viven en la memoria, la guardan y la celebran. Zamora, mi pequeña y hermosa Zamora, durante sus fiestas de San Pedro, pertenece a las segundas. Apenas se anuncia el verano cuando esta pequeña ciudad del oeste que anónimas manos tejedoras han vestido de fiesta con guirnaldas de ganchillo, se levanta con espíritu de celebración. Zamora, tantas veces condenada a cola de ratón en los despachos donde se reparten inversiones, infraestructuras y futuro, se recuerda a sí misma quién es, se mira orgullosa en el Duero desde su peana de piedra. Y siempre ocurre el milagro: las calles dormidas se llenan de noctámbulos; regresan los que tuvieron que irse... Ver Más