Uruguay ganó su último Mundial en 1950, hace un millón de años. Por allí andaba Obdulio Varela. Y Raquel Welch con su sugerente bikini de piel de oso de las cavernas. De modo que el equipo de Bielsa tenía en realidad tantas oportunidades de hacerle cosquillas a España como yo de quedar a cenar esta noche con Christina Hendricks, en vista de lo cual se hizo el seppuku con Muslera para dejar de sufrir. Responsabilizar a un futbolista en concreto de ese cataclismo histórico es de una necedad que asusta y de un simplismo bobalicón. Preguntado por Valverde, con quien tuvo un encontronazo hace tres años ya, Baena dijo que tenía una fijación con él. Raudo acudí a san Google para comprobar si era cierto o no lo comentado por Álex y resulta que la última vez que Fede habló de aquello fue en 2023 : «No me arrepiento de nada». Y de nada tenía por qué arrepentirse puesto que la justicia ordinaria archivó la denuncia del futbolista del Atleti, «groguet» entonces, que incurrió en graves incongruencias durante su declaración según 'El Español'. Sobre esto último, a lo del sobreseimiento del auto me refiero, no se le suele preguntar al roquetero. Como decía la Bombi, «¿por qué será…?» De modo que con un poquito de Baena por aquí y otro pellizquito de Tchouaméni por allá, y aprovechando que en el vestuario uruguayo estaban hasta las bolas del loco, que es ese señor que critica el negocio del fútbol mientras ingresa 4 millones de dólares anuales en su cuenta corriente, han hecho un repelente puré cuyo sumando final consiste en colgarle a Valverde el sambenito de Espartaco macarra, una suerte de Makinavaja de Montevideo , algo que ni comparto ni quiero contribuir a esparcir. Qué gran ocasión perdió Baena, que hace una semana acusaba a la prensa de generar polémica, para obviar con elegancia la suya. Otro periodista provocador, uno muy irritante que escribió A sangre fría, el primer true crime, en un hotel de Palamós, dijo una vez: «El cerebro puede seguir consejos, el corazón no».