Sufrir depresión después de un infarto es mucho más común de lo que imaginamos, afectando a uno de cada tres supervivientes. Y no es un signo de debilidad, sino una respuesta natural al miedo la pérdida de salud y el trauma físico. Pero que sea frecuente no quiere decir que debamos dejarlo pasar. Atender este estado emocional es crucial para mejorar la calidad de vida y reducir el riesgo de nuevos problemas del corazón, algo que la ciencia lleva años demostrando. «No podemos seguir tratando el cuerpo por partes separadas», señala el cardiólogo José Abellán , quien defiende que cuidar la salud mental ayuda a nuestro bienestar físico. «El corazón y la mente están conectados de una forma mucho más... Ver Más