Natalia Rodríguez, una buceadora de 16 años ha decidido dar un paso al frente para denunciar la situación que, a su juicio, sufren los cetáceos que habitan en el Estrecho de Gibraltar. La joven ha impulsado una petición ciudadana dirigida al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación con el objetivo de reclamar medidas urgentes que reduzcan el impacto del tráfico marítimo sobre especies como delfines, orcas, cachalotes y rorcuales.La iniciativa lanzada en Change.org parte de una preocupación que la adolescente, vinculada al mundo del buceo y comprometida con la protección del medio marino, considera cada vez más urgente. En el texto de la campaña, compara la situación de estos animales con la experiencia de una persona que busca a un familiar en un espacio completamente a oscuras y rodeada de un ruido ensordecedor. Según expone, el sonido bajo el agua es su forma de "ver", por lo que la contaminación acústica afecta directamente a su supervivencia.El ruido submarino, una amenaza creciente para los cetáceosLa petición sostiene que el intenso tránsito de embarcaciones de alta velocidad que atraviesan diariamente el Estrecho genera un fenómeno conocido como "enmascaramiento acústico", mediante el cual el ruido producido por los motores y las hélices dificulta que los cetáceos puedan orientarse, comunicarse y detectar posibles amenazas en su entorno.Marina argumenta que no se trata únicamente de una percepción ecologista, sino de una preocupación respaldada por investigaciones científicas. Recuerda que ya a comienzos de la década de los 2000 la investigadora Neus Pérez participó en un estudio desarrollado junto al Ministerio y la Sociedad Española de Cetáceos en el que se advertía de las presiones acústicas que soportaba este ecosistema estratégico para la biodiversidad marina.La joven también cita los resultados del estudio científico Amigos 2025, elaborado por las investigadoras Maria Perez Tadeo y Joanne O'Brien. Según recoge la campaña, las grabaciones obtenidas mediante micrófonos submarinos han detectado niveles de ruido de hasta 132 decibelios en determinadas zonas del Estrecho, cifras que superarían los umbrales científicos de tolerancia al ruido continuo para numerosas especies marinas.La petición advierte de que el principal riesgo no reside en episodios puntuales de gran intensidad, sino en la exposición constante a un entorno acústico hostil. En este sentido, la impulsora de la iniciativa sostiene que los cetáceos están siendo "ensordeciendo, estresando e impidiendo que puedan huir de enormes cargueros que acaban atropellándolos", una situación que considera incompatible con la conservación de uno de los enclaves marinos más importantes de Europa.Las medidas que propone para proteger el EstrechoLejos de reclamar la paralización del tráfico marítimo, Marina apuesta por soluciones que permitan compatibilizar la actividad económica con la protección ambiental. La joven recuerda que España ya aplicó en 2004 una moratoria al uso de sónares militares en Canarias, una medida que contribuyó a erradicar los varamientos masivos de zifios, una especie especialmente sensible al ruido submarino.Entre las propuestas incluidas en la campaña destacan la creación de slow zones que obliguen a los ferris a reducir su velocidad a entre 10 y 12 nudos en áreas sensibles, la implantación de límites legales de ruido para las embarcaciones, la instalación de sistemas de monitoreo acústico mediante micrófonos submarinos capaces de alertar en tiempo real de la presencia de ballenas y el impulso de ayudas para que las navieras incorporen tecnologías más silenciosas. La joven concluye su llamamiento alertando de que, si no se adoptan medidas en los próximos años, "perderemos una de las zonas de mayor biodiversidad de Europa".