La opinión pública mundial parece tomar conciencia, con retraso, de los crímenes que el gobierno de Benyamin Netanyahu ha perpetrado contra las poblaciones de la franja de Gaza, de Líbano, de Siria y de Irán. Ningún otro gobierno en el mundo se ha atrevido a proclamar que eliminar a quienes resisten justifica matar también a los civiles que estén en los alrededores, sin importar la cantidad de “víctimas colaterales”. Pero también es importante estar conscientes de que esa manera de pensar tiene una historia larga y abominable. El mundo tiene que asumir sus responsabilidades antes de que ese régimen comience a arremeter también contra sus propios conciudadanos, no porque estos últimos sean más valiosos que los árabes o los persas sino porque todos son parte de la humanidad.