Luis Rodríguez Echeverría: del consejo de Elena Roger para Invasiones I al día en que conoció a Charly García

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Se llama Luis Alejandro Rodríguez Echeverría, pero le dicen Lare. Le ponía esas iniciales a sus útiles escolares para identificarlos en la sala de objetos perdidos de la escuela. Después empezó a usarlo como usuario de sus redes sociales y desde hace 25 años es su marca personal. Llegó a Buenos Aires en 2018 desde la ciudad de Weston, Florida, donde vivió durante dos años con su madre luego de dejar su casa en Caracas, Venezuela, y se volvió un nombre más que conocido en la calle Corrientes. De miércoles a domingo se sube al escenario de la sala Martín Coronado del Teatro San Martín para trasladarse a la época de las Invasiones Inglesas de 1806 y ponerse en la piel del soldado británico Charlie Munger en Invasiones I: no bombardeen Buenos Aires, la ópera rock protagonizada por Elena Roger que cuenta el acontecimiento histórico a través de las canciones de Charly García. El intérprete venezolano irrumpió en el circuito teatral comercial de Buenos Aires en 2024 como el protagonista de El Principito, musical basado en la historia de Antoine de Saint-Exupéry, en el Teatro Ópera junto a Juan Carlos Baglietto, por el que ganó el premio Hugo a la mejor interpretación masculina en musical infantil y/o juvenil. Después fue Otto en la adaptación de Despertar de primavera, dirigida por Fernando Dente, con la que siguió afianzándose como intérprete de teatro musical sin dejar de dictar sus clases de canto y sacar su propia música. Hoy encabeza el elenco de una de las puestas más fuertes de la cartelera porteña. En un rato va a bajar a los camarines del San Martín para ponerse la chaqueta roja, calzarse el rifle en la espalda y hacer su cábala: leer el poema The Road Not Taken de Robert Frost, que tiene grabado en el interior de una vieja brújula que trajo de Venezuela. Por ahora, se prepara para charlar con LA NACION sobre cómo su desembarco en Invasiones terminó significando “la cereza del pastel” de su arraigo con la Argentina.—¿Cómo fue tu proceso de audición para Invasiones?—En septiembre me convocaron a un casting cerrado de actuación, canto y danza. No sabía mucho de qué se trataba la obra, solo que era en el Teatro San Martín y con Elena Roger. Pasé las etapas de danza y canto, donde interpreté “Seminare” y “Peluca telefónica”. Había mucho material y, como daban la opción de preparar un monólogo en inglés británico, elegí un soneto de Shakespeare. Hice el monólogo y me llamaron al callback para el personaje de Charlie Munger, pero no conocía sus intenciones ni sus motivos. Audicioné con “No bombardeen Buenos Aires”. Elena estaba ahí y me dijo: “Bueno, pero sentilo, olvidate de la letra, buscá la verdad”. Me subió un semitono porque dijo que sabía que mi voz daba para más y a la semana el director Ricardo Hornos me llamó para ofrecerme el rol.—¿Qué te pasó cuando descubriste quién era realmente Charlie Munger?—No fue hasta diciembre que nos juntamos con todo el elenco para leer el libreto por primera vez, que entendí lo importante que era el personaje en la historia. Me emocioné mucho. Llamé a mi mamá y le dije: “No puedo creer lo que está pasando”. De ahí en adelante fue un proceso de intentar estar a la talla de ese nuevo desafío. Me esforcé mucho por querer hacerlo bien. Soy un poco obsesivo, y la pasión también te lleva a ese lugar.—Eso puede ser bueno, siempre y cuando sea en la medida justa.—Yo me impuse una presión por estar en una obra argentina en el Teatro San Martín con titanes como Elena Roger y Federico Salles. Tenía que hacerlo bien. Al principio estaba muy en mi caparazón, pero hay algo de la humanidad y del teatro mismo que te hace soltarte y salir a jugar. Para el estreno, ya confiaba en que ellos confiaban en mí.—Tu personaje tiene la particularidad de ser bilingüe. ¿Cómo te llevás con eso?—No me costó el inglés, pero el acento sí. Mi acento natural en inglés es norteamericano, porque viví dos años en Florida. Recibí muchos consejos de Fernando Magentet, que interpreta al general William Beresford. Tengo mi propio acento en inglés y en español y estoy haciendo dos acentos con los que no hablo y hay algo en ese desafío que también me encanta. Antes de cada función, paso el monólogo de Shakespeare que hice en la audición para calzar el acento británico.El trabajo al lado de Elena Roger—Cuando hiciste El Principito, actuaste al lado de Juan Carlos Baglietto y ahora cantás “Bancate ese defecto” a dúo con Elena Roger... —Todavía me tengo que pellizcar para entender y sentir lo hermoso y lo bizarro de todo esto. No sabía que iba a trabajar tan cercano a ella. La conocí cuando hice El Principito, conocía su obra y sabía que era la mayor exponente del teatro musical de Argentina. Pero no solo descubrí que todo lo que había escuchado de ella a nivel artístico era verdad, sino que además me encontré con una persona muy inspiradora. Es un placer a nivel artístico, pero también personal, poder orbitar alrededor de una persona con esa fuerza, ese corazón y esa visión.—¿Te dio algún consejo durante los ensayos?—Todo el tiempo hace hincapié en contar el cuento, buscar siempre la verdad y no “hacer de cuenta que...”. Ella tiene una de las voces más increíbles que he escuchado, pero todo lo sostiene desde la verdad y es la forma en la que yo quiero llevar adelante mi arte. El día en que conoció a Charly García —¿Estabas familiarizado con Charly García y su música?—Cuando llegué a la Argentina, en 2018, un amigo que es fan me mostró sus canciones. Había intentado entrar, pero había algo que no sé... Al no tenerlo de cuna, al oído de un extranjero toma un tiempo entenderlo. Siento que hay algo de mi proceso en la Argentina, de adaptarme y de sentirme argentino, que también me hace entender más a Charly, y creo que esta obra fue el momento cúlmine donde sucedió eso. Después de ocho años de vivir acá, me exponen a Charly en una bandeja de plata. —¿Cómo encaraste su material?—Al principio comencé a escuchar todas las canciones que están en la obra, para entender de dónde venían. Me decían: “Canta encima de él, canta con él, trata de entender; tienes que vivirlo, pasarlo por el cuerpo”, porque no me lo podían explicar con una técnica. Hice mucha investigación sobre su vida y todas sus etapas, y me parece un artista como no los hay en ningún lugar del mundo. Su musicalidad y mensaje me conmovieron.Charly García en la función de Invasiones I: no bombardeen Buenos Aires—Chary fue a ver la obra y tuvo un encuentro con todo el elenco. ¿Sabían que iba a estar en la sala?—Nos enteramos ese día por la tarde. Fue un antes y un después en la vida de todo el elenco. Yo cuento mi vida antes y después de que Charly viniera a Invasiones. Todavía me cuesta procesarlo porque significó muchísimo. Fue la cereza del pastel de mi arraigo con la Argentina. Fue lo que terminó de hacerme sentir como “soy argentino, esto me compenetra por todas partes”. Contar el propio cuento—Hay una dualidad en Charlie Munger. Es un joven bilingüe de padre británico y madre hispana que termina formando parte del ejército británico y luchando contra su propia gente. ¿Encontraste paralelismos con tu propia experiencia? —Muchos. El sentido de identidad, la doble nacionalidad, la multiculturalidad, el estar dividido en dos mundos y dos idiomas. Charlie busca dónde pertenecer porque sabe que a donde está y donde la vida lo ha llevado no pertenece. Es su motivo en la obra. Sus encuentros con la Charlie de Elena lo hacen despertar y entender que puede elegir otra cosa para su vida. Creo que es muy fuerte que las personas puedan decidir abandonar lo que ya no es auténtico para ellas o reapropiarse de algo que siempre fue suyo.—Y es un poco tu historia...—Un poco bastante. Es mi desarraigo de mi país, pero también sentir que, aunque vivo hace mucho acá, a veces no me siento del todo argentino. Pero, ¡tiremos eso por la borda! Somos humanos y, si tenemos la suerte en esta vida, encontramos muchos hogares. Yo la tuve, y en tres países. El hogar son las personas que me rodean y el tiempo de amor y vida que logré exprimir aquí. Pongo toda esa sensación de “nuevo descubrimiento” de pertenencia a la Argentina en la obra.—¿Qué piensa tu familia de todo esto?—Están muy orgullosos. Estamos repartidos en distintas partes del planeta. Mi mamá está en Sierra de la Ventana, mi hermana en Chile y mi papá y mi abuela en Venezuela. Están felices por mí porque sienten que en algún punto lo que todos querían que sucediera conmigo, sucedió. Mi mamá ha sido la responsable de que yo pudiera seguir mi sueño. Creyó en mí cuando decidí que esto era lo que quería ser y me dio todas las herramientas dentro de su capacidad. Y mi familia también se ha transformado en los amigos que tengo acá que me apoyan. —Dijiste que siempre supieron que serías artista. ¿En qué momento descubriste el arte?—Desde que tengo uso de razón. A los cuatro años, mi mamá me encontró tocando un pianito que tenía para hacer sus vocalizaciones porque es terapeuta de lenguaje. Sacaba canciones de oído y me encantaba escribir historias. Fui un niño muy de la fantasía. Mis padres se dieron cuenta y a los ocho empecé clases de canto y a los 11, piano, dibujo y teatro. Es algo que me acompaña desde la infancia. Siento que ha sido un llamado. Hay algo en mi alma que se despierta con el arte y que se sintetiza en el teatro musical.Una vida llena de arte—Viendo tu carrera, pasaste de ser un niño descubriendo mundos en El Principito, a un adolescente en pleno despertar sexual en Despertar de primavera y ahora un joven adulto enfrentando una guerra. Tus personajes fueron creciendo y evolucionando, ¿te diste cuenta de eso?—Me sorprende y lo veo como una progresión. Siento que, sin intención, he constelado mucho de mí con el arte, con las obras en las que he estado. Han correspondido muchísimo con mi propio crecimiento interno y profesional. El Principito era la pureza y la inocencia plena; Despertar..., el desafío de la adolescencia y el despertar sexual, y ahora esto. Me hubiera encantado decir que lo planeé, pero sucedió así y eso es lo hermoso.—Llegar a encabezar un proyecto es difícil, pero a veces prevalecer en el ambiente y tener continuidad lo es aún más, y vos venís haciendo tres musicales comerciales seguidos...—Desde que hice El Principito tenía la duda de si iba a tener otras oportunidades. Y me encanta estar en el tercer proyecto de teatro musical comercial. No tengo representante, soy un artista independiente. Me manejo solo. He ido solo a las audiciones y he quedado. Ahora me han conocido y agradezco mucho eso. Hay algo de confiar en el camino y lo he mantenido todo este tiempo.—¿Tenés algún papel soñado?—Orfeo en Hadestown. Tengo un tatuaje de una lira por él. Amo esa historia, ese musical y ese personaje. Me cambió la vida conocer ese musical.—En 2024 sacaste tu primer disco, El Loco, y en enero el sencillo “Todo va a estar bien”. ¿Cómo está tu música hoy?—Estoy en un proceso de transformación con respecto a mi sonido y a la impronta del artista que quiero tener. Mi música se ha teñido de rock, influenciada por esta obra. Tengo un nuevo álbum que quiero sacar y que voy produciendo poco a poco con un amigo. Y lo bueno es que no hay apuro, es a mi ritmo, porque es un proyecto autogestivo y las letras y las músicas son mías. Soy parte de una comunidad artística independiente. Hace poco hicimos un show llamado Abrigo de Musas Noctámbulas en el centro cultural Thames, donde compartimos proyectos con otros cantautores y todos funcionamos como coristas y banda de los demás. Lleva tiempo, pero está bueno.—Tenés solo 25 años, pero al escucharte y conocer tu historia, pareciera que hubieras vivido varias vidas. Sos una persona muy agradecida y consciente de tu presente, pero también de todo el camino recorrido...—Es una forma de vivir la vida, de ver a las personas y las situaciones. Antes de entrar al teatro musical comercial, aprovechaba cualquier oportunidad de hacer arte de la misma manera que lo hago ahora. Daba clases, actuaba en obras independientes, escribía mis canciones y hacía shows. Y lo sigo haciendo. Agradezco mucho ahora tener los medios para poder sustentar mi propia vida desde el arte, cuando antes no lo tenía e igual lo hacía. Me gusta que esa lucha desembocara en algo.