Si ya es difícil gestionar las inseguridades de un adolescente en el mundo real, imaginemos lo que ocurre cuando se asoma a una pantalla donde miles de desconocidos pueden juzgar, insultar o machacar. Los chavales han cambiado parte del patio del instituto por un campo de minas digital con códigos que, muchas veces, los adultos ni siquiera alcanzamos a comprender.Seguir leyendo....