Un parásito que vive en una de cada tres personas del planeta lleva demasiado tiempo fuera del radar sanitario, y un grupo de investigadores reclama que la toxoplasmosis se reconozca como enfermedad tropical desatendida. El motivo es directo: pese a su enorme alcance, apenas figura en las agendas sanitarias globales, y eso se traduce en menos dinero y menos investigación.El parásito se llama Toxoplasma gondii y, según recoge Science Alert, infecta a cerca de un tercio de la población mundial. La mayoría de las personas sanas nunca desarrolla síntomas, aunque en algunos casos la infección deriva en problemas oculares graves que pueden acabar en pérdida de visión. La toxoplasmosis ocular, de hecho, es la infección más común dentro del ojo en todo el mundo.Por qué piden tratarla como enfermedad desatendida Lesión ocular en la máculaEl argumento aparece en un nuevo artículo de opinión científica, y su tesis es que la toxoplasmosis cumple los cuatro criterios de la OMS para etiquetar una dolencia como enfermedad tropical desatendida. Ese reconocimiento no es un sello decorativo: desbloquea financiación y programas de salud que ahora mismo no existen, y por eso los autores lo persiguen."La toxoplasmosis es una de las principales infecciones oculares y una causa importante de pérdida de visión en todo el mundo, y aun así recibe una atención limitada en las agendas de salud global", señala Justine Smith, oftalmóloga e investigadora en visión de la Universidad de Flinders, en Australia. Su equipo defiende que, con el respaldo de la OMS, cabría avanzar de forma sustancial en la prevención.Los requisitos se cumplen uno a uno. La enfermedad se concentra en zonas de pobreza y abunda en países tropicales y subtropicales, donde resulta especialmente frecuente en Sudamérica. Encaja también en los otros dos: se puede prevenir y controlar, y permanece olvidada en investigación y política sanitaria, con un gasto que queda muy por debajo del de otras dolencias comparables.Cómo se contagia y a quién golpea más fuerte Frente a la idea de que la infección es algo inevitable, los autores recuerdan que tiene vías de transmisión bien documentadas. Una persona puede adquirirla al comer carne poco cocinada contaminada con el parásito, o al ingerir de algún modo huevos procedentes de heces de gato, ya sea en una bandeja de arena o en el entorno que la rodea.Una madre recién infectada puede transmitir el parásito al feto a través de la placenta, y eso provoca problemas de salud serios e incluso abortos espontáneos. Se calcula que cada año nacen alrededor de 190.000 bebés con toxoplasmosis congénita en todo el mundo."La toxoplasmosis suele verse como inevitable, pero tiene vías de transmisión bien caracterizadas y puede prevenirse y controlarse", apunta João Furtado, oftalmólogo de la Universidad de São Paulo, en Brasil. Los efectos más graves recaen sobre las comunidades con menor acceso a la sanidad y al saneamiento.Un parásito sin vacuna y sin tratamiento estándar No se conoce con certeza el impacto sanitario real del Toxoplasma gondii, y sin más inversión en investigación tampoco se va a averiguar. No hay vacuna disponible ni un protocolo de tratamiento estándar, dos ausencias que delatan la falta de fondos. La medicina avanza en otros frentes, con herramientas capaces de predecir el riesgo de más de mil enfermedades, mientras aquí el rastreo apenas existe.Los investigadores proponen una hoja de ruta calcada de otras enfermedades desatendidas, aunque exigirá la colaboración de varias agencias y disciplinas. Pasa por mejorar el cribado, el diagnóstico y el tratamiento de las infecciones congénitas y oculares, reforzar la seguridad alimentaria y educar a la población. No sería la primera vez que una amenaza sanitaria de alcance mundial obliga a coordinar recursos a escala global."Estos impactos podrían reducirse mediante medidas prácticas de salud pública, como una mejor seguridad alimentaria, agua limpia, saneamiento y un mejor acceso a la atención prenatal", resume Furtado. El reconocimiento como enfermedad desatendida liberaría fondos en todos esos frentes, según los autores, que cierran su texto con una llamada a corregir lo que describen como una carga sanitaria global inaceptable.