Una sociedad más libre y más saludableLa Encuesta Nacional de Salud Sexual 2025 confirma algo que la evidencia científica viene señalando desde hace años: las sociedades que apuestan por la educación, los derechos y la información no solo son más libres, sino también más saludables. Los datos publicados por el Ministerio de Sanidad muestran una España que ha avanzado de forma notable en aceptación de la diversidad sexual y en la comprensión de la sexualidad como una dimensión fundamental del bienestar humano. Sin embargo, también revelan desafíos persistentes que exigen más políticas públicas basadas en la evidencia y menos debates ideológicos.El amplio consenso sobre la educación sexualUno de los hallazgos más relevantes es el respaldo prácticamente unánime a la educación sexual en la enseñanza obligatoria. Más del 90% de la población considera que debe formar parte del currículo escolar. Este consenso social debería cerrar definitivamente una discusión que durante décadas ha estado contaminada por posiciones morales y no por datos científicos. La investigación internacional es clara: la educación sexual integral no adelanta el inicio de las relaciones sexuales ni aumenta las conductas de riesgo. Por el contrario, mejora el conocimiento sobre salud sexual, favorece relaciones más igualitarias y contribuye a reducir embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual.Avances en la aceptación de la diversidad sexualLa encuesta también refleja un cambio cultural profundo en relación con la diversidad afectivo-sexual. La aceptación de las relaciones entre personas del mismo sexo se ha más que duplicado desde 2009. Este avance no es únicamente una cuestión de tolerancia social; tiene consecuencias directas sobre la salud. Numerosos estudios han demostrado que la reducción del estigma y la discriminación se asocia con mejores indicadores de salud mental, menor prevalencia de ansiedad y depresión y una mayor calidad de vida entre las personas LGTBIQ+.escuela de saludEl silencio que mata dos veces Joan Carles MarchMenos prejuicios, pero no necesariamente más satisfacción sexualSin embargo, los resultados también invitan a la reflexión. A pesar de vivir en una sociedad más abierta, la satisfacción sexual declarada ha disminuido respecto a mediciones anteriores. Este fenómeno, observado también en otros países occidentales, pone de manifiesto que la libertad formal no garantiza automáticamente el bienestar. Factores como la precariedad laboral, la hiperconectividad digital, el estrés crónico o las transformaciones en las dinámicas relacionales pueden estar influyendo en la manera en que las personas experimentan su vida afectiva y sexual.El reto pendiente del consentimiento sexualEspecialmente preocupantes son los datos relacionados con el consentimiento y las experiencias sexuales no deseadas. Aunque las generaciones jóvenes muestran actitudes más igualitarias que las de mayor edad, todavía persisten creencias que normalizan la presión dentro de las relaciones sexuales. La evidencia científica en el ámbito de la prevención de la violencia sexual señala que el consentimiento debe entenderse como un proceso explícito, continuo y reversible. Los resultados de la encuesta sugieren que este mensaje aún no ha sido plenamente interiorizado por toda la población.La violencia sexual como problema de salud públicaMás alarmante resulta comprobar que una proporción significativa de mujeres declara haber vivido situaciones de coerción o de prácticas sexuales no deseadas. Este dato debe interpretarse como un problema de salud pública y de desigualdad estructural, no como una suma de experiencias individuales aisladas. La violencia sexual genera consecuencias duraderas sobre la salud física, psicológica y social, y requiere respuestas coordinadas desde la educación, el sistema sanitario y las políticas de igualdad.Una mirada progresista basada en la evidenciaLa lectura progresista de estos resultados no consiste en celebrar acríticamente los avances ni en dramatizar los problemas pendientes. Consiste en reconocer que el progreso social es compatible con la existencia de desafíos complejos. España ha demostrado que ampliar derechos y promover la educación sexual contribuye a construir una sociedad más inclusiva y más respetuosa con la diversidad. Los datos sugieren que la dirección es correcta. La tarea pendiente es profundizar en ese camino.Conclusión: educación, igualdad y autonomía como parte de la soluciónLa Encuesta Nacional de Salud Sexual 2025 ofrece una conclusión difícil de cuestionar desde el conocimiento científico: cuando aumentan la información, la igualdad y la autonomía personal, mejoran las condiciones para que las personas vivan su sexualidad de forma libre y saludable. Frente a quienes siguen planteando la educación sexual o los derechos sexuales como una amenaza, la evidencia apunta justamente en sentido contrario. Son parte de la solución.