La Playa de Valdelagrana se volvió a encender bajo el influjo de la noche de San Juan. Entre el susurro del Atlántico y el calor del fuego, una gran hoguera central se convirtió en el epicentro de la magia, devorando los malos recuerdos, los apuntes de un curso que ya es historia y los deseos de miles de portuenses. Custodiando las llamas, dos bestias se encargaron de recolectar los papeles de los asistentes, alimentando el fuego purificador en un ritual de renovación y comunidad. Esta galería captura la luz, las sombras y la energía de una noche donde el pasado se hizo ceniza y el futuro, deseo.