Noche de Velada literaria en favor de la infancia en Jerez

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La tarde del viernes 26 de junio apareció luminosa en la Plaza del Banco de Jerez de la Frontera. El calor de finales de junio parecía haber decidido concedernos una tregua y una agradable brisa hacía más llevaderos los preparativos. La luz dorada del sol se filtraba entre las columnas del templete mientras íbamos dando forma, poco a poco, a una velada que llevábamos meses preparando.Unas desplegaban las pancartas, otras colocaban cuidadosamente los fanzines, comprobábamos una y otra vez el equipo de sonido y el micrófono, ajustábamos los últimos detalles y nos ayudábamos mutuamente a colocarnos los pañuelos rosas fucsia, cruzados a modo de sari, que horas después se convertirían en uno de los símbolos más reconocibles de la jornada. A nuestro alrededor, las personas que atravesaban la plaza se detenían unos instantes, observaban con curiosidad aquel ir y venir de mujeres ocupadas y trataban de adivinar qué estaba a punto de suceder.Incluso hubo que armarse de paciencia cuando el camión del servicio municipal de limpieza llegó para adecentar la plaza antes del acto. El montaje de las sillas tuvo que esperar unos minutos y el comienzo de la velada se retrasó ligeramente. Nadie protestó. Aquella pausa formó parte de esos pequeños imprevistos que siempre acompañan a los actos organizados con ilusión y mucho trabajo voluntario.Poco a poco todo fue quedando preparado. La plaza estaba lista para acoger algo más que una entrega de premios. Volvía a convertirse en un espacio donde la cultura y el compromiso social caminaban de la mano. AFRA Mujeres celebraba la velada de entrega de premios del III Certamen Literario Feminista contra la Violencia Machista, una iniciativa que, edición tras edición, demuestra que la literatura puede ser mucho más que un ejercicio creativo: puede convertirse en una herramienta para denunciar, sensibilizar y transformar. Este año especialmente dedicado a la infancia, la violencia vicaria, la abuso sexual infantil enmarcado en la semana de la vergüenza pederasta.Más que unos premios literariosPero aquella tarde no íbamos a reunirnos únicamente para entregar unos premios literarios. La velada era también el punto de llegada de una semana intensa de movilización social, de muchas horas de llamadas, correos electrónicos, mensajes, publicaciones en redes sociales y trabajo compartido entre mujeres convencidas de que el silencio nunca puede ser la respuesta frente a la violencia y los abusos sexuales contra la infancia.Durante los días previos habíamos impulsado el Reto Gulabi, una campaña de sensibilización enmarcada en la Semana de la Vergüenza Pederasta e inspirada en las valientes mujeres de las Gulabi Gang de la India. Su propuesta era tan sencilla como poderosa: vestir un pañuelo rosa fucsia como símbolo de compromiso, hacerse una fotografía junto al mensaje «La infancia se defiende» y compartirla para recordar a las víctimas que no están solas, que las creemos y que la sociedad tiene la obligación de protegerlas.Nunca imaginamos hasta dónde podía llegar aquel gesto. Cada día aparecían nuevas fotografías. Mujeres que no conocíamos se unían a la campaña, asociaciones que la hacían suya, colectivos que la difundían, amigas que convencían a otras amigas. Los pañuelos rosas comenzaron a aparecer en distintos rincones de España y también fuera de nuestras fronteras. Cuando empezamos a reunir todas aquellas imágenes para elaborar el reel, comprendimos que el verdadero éxito de la campaña no estaba en los números, sino en haber conseguido que tantas personas hicieran suyo un mensaje tan necesario como sencillo: la infancia se defiende.El Reto Gulabi nació del trabajo conjunto de VPederasta, de Madrid, la Asociación Alanna, de Valencia, y AFRA Mujeres, de Jerez de la Frontera. Desde el primer momento las tres organizaciones compartimos una misma idea: las siglas debían quedar en un discreto segundo plano. Lo importante no era quién impulsaba la campaña, sino que creciera, que cada vez más personas se sintieran interpeladas y que la protección de la infancia ocupara el lugar que merece en la conversación pública.Con ese espíritu comenzó la velada. Siete mujeres, de distintas generaciones y procedencias, decidimos vestir el pañuelo rosa fucsia cruzado a modo de sari y subir juntas al templete de la Plaza del Banco para dar voz al manifiesto estatal por la infancia. La escena despertó desde el primer instante la curiosidad y la atención de quienes llenaban la plaza.Antes de comenzar la lectura, tuvimos que compartir con el público una noticia que nos había entristecido profundamente. Una de las jóvenes que iba a acompañarnos aquella tarde no pudo estar presente porque permanecía junto a su familia, viviendo con angustia la desaparición de dos familiares cercanos tras el devastador terremoto que había golpeado Venezuela. Otra compañera ocupó su lugar, pero quisimos detenernos unos instantes para dedicar un minuto de silencio a las víctimas, a las personas heridas, a quienes seguían desaparecidas y a todas las familias que estaban atravesando aquellos momentos de incertidumbre y dolor. Enviamos un abrazo muy especial a nuestra amiga Victoria, a su familia y a toda la comunidad venezolana, tanto a quienes permanecen en su país como a quienes viven entre nosotros.Un espacio de memoria y compromiso con la infanciaDespués, las siete lectoras fuimos dando voz, al manifiesto estatal por la infancia, que en esos mismos momentos estaba siendo leído en distintas ciudades de España. Durante unos minutos, la Plaza del Banco dejó de ser únicamente el escenario de un acto cultural para convertirse en un espacio compartido de memoria, solidaridad y compromiso con la protección de la infancia.El manifiesto puso palabras a una realidad que los datos llevan décadas denunciando: el abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes continúa siendo una de las violaciones de derechos humanos más extendidas y, al mismo tiempo, una de las más invisibilizadas. También denunció la persistencia del incesto infantil, el crecimiento de las redes de explotación sexual en entornos digitales, el turismo sexual infantil, la violencia institucional que todavía sufren demasiadas víctimas y madres protectoras y la necesidad urgente de reforzar las políticas públicas de prevención, detección y protección.El silencio dio paso a las palabras y, una tras otra, las voces de las autoras fueron ocupando el espacio que minutos antes había llenado el manifiesto. Los microrrelatos seleccionados por el jurado, integrado por Rosa García Perea y Sonia Herrera Collado, nos fueron llevando de la mano por historias que, pese a su brevedad, contenían una intensidad extraordinaria. Apenas doscientas palabras bastaban para sacudir conciencias y recordarnos que la literatura posee una capacidad única para nombrar aquello que demasiadas veces permanece oculto.La calidad de los trabajos recibidos y la sensibilidad con la que las autoras abordaron una realidad tan compleja como la violencia contra la infancia confirmaron, una vez más, que existe una profunda necesidad de escribir sobre estas heridas. De convertir la palabra en memoria, en denuncia y también en una forma de reparación.La velada terminó, las sillas comenzaron a recogerse y la plaza fue recuperando poco a poco su ritmo cotidiano. Sin embargo, quienes estuvimos allí sabíamos que nos llevábamos algo más que el recuerdo de un acto cultural. Durante unas horas, la Plaza del Banco se convirtió en un lugar donde la literatura, el feminismo y la defensa de los derechos humanos caminaron juntos. Y quizá esa sea la mayor recompensa que puede ofrecer un certamen como este: comprobar que las palabras, cuando nacen del compromiso, también son capaces de transformar la realidad.