En muchos montes españoles, el problema va más allá de apagar las llamas cuando aparecen. La acumulación de pasto seco, matorral y restos leñosos convierte el verano en una prueba cada vez más dura para municipios con pocos vecinos y mucho terreno que cuidar. La prevención vuelve a mirar al campo, incluso a soluciones que parecen sacadas de otra época.En El Recuenco, en el Alto Tajo, la respuesta tiene cuernos, casi una tonelada de peso y un objetivo muy concreto: mantener a raya parte de la vegetación que alimenta los incendios. Nueve bisontes europeos pastan en monte público dentro de un ensayo que combina grandes herbívoros, seguimiento científico y gestión municipal.La idea tiene atractivo para un ayuntamiento pequeño: si los animales comen durante meses aquello que luego puede arder, el monte llega con menos carga vegetal al verano. Pero el plan también ha abierto una discusión áspera, porque varios investigadores rechazan usar esta especie como herramienta de renaturalización en España.Ensayo rural con GPS y 400 hectáreas Un bisonte vagando librementeEl proyecto reúne una manada cerrada, un cercado perimetral y vigilancia permanente sobre el terreno, una mezcla menos vistosa que otros sistemas de prevención como los drones térmicos, pero pensada para trabajar todos los días. La información publicada por Rewilding Spain sitúa a los animales en una parcela de 400 hectáreas propiedad del Ayuntamiento, con geolocalización GPS y control continuado por parte del equipo.La manada está formada por cinco hembras y cuatro machos que proceden de una finca privada de El Espinar, en Segovia, donde los adultos llegaron desde Polonia y Países Bajos y los más jóvenes nacieron ya aclimatados a la meseta. Frente a respuestas técnicas como la captura de carbono, aquí la prueba se apoya en una lógica más física: menos biomasa acumulada antes del calor puede significar un fuego con menos alimento.La parte científica mide algo más que el consumo de hierba. A partir de muestras fecales se medirán hormonas, inmunoglobulinas y metabarcoding para conocer estrés, dieta y uso del espacio, con comparaciones previstas con poblaciones de otros países europeos. El municipio también busca actividad económica: visitas de naturaleza, empleo ligado al seguimiento y una vía de uso para un monte que la despoblación ha dejado con menos manos.La disputa sobre una especie incómoda Podrían ser la clave para acabar con los incendiosEl choque aparece cuando la manada deja de ser vista como una simple herramienta local y entra en el debate sobre qué especies conviene mover. En un tiempo en el que la IA de conservación ya ayuda a escuchar fauna amenazada, el documento registrado en el portal de investigación de la Universidad de Oviedo insiste en una premisa incómoda: las sueltas necesitan pruebas muy sólidas y una evaluación detallada de riesgos.El trabajo está firmado por 40 autores y responde a otro comentario favorable a la introducción del bisonte europeo en España. Los autores separan dos planos: el valor de conservar la especie en Europa y la conveniencia de llevarla a la Península como sustituto ecológico; en un debate marcado por la sexta extinción, la carga de la prueba recae en quien propone mover animales.A su juicio, la ausencia de restos en 110 yacimientos holocenos con bóvidos pesa contra la idea de una presencia histórica amplia, y las proyecciones de más calor y menos lluvia agravan la duda sobre su encaje futuro. También recuerdan que España ya cuenta con herbívoros silvestres y domésticos capaces de cumplir funciones de pastoreo. En El Recuenco, mientras tanto, el ensayo queda acotado por vallas y GPS: una prueba local que medirá resultados antes de que el debate salte del cercado al mapa.