Hallan una ciudad sumergida en el Atlántico cuyo ecosistema podría vivir en las lunas de Encélado y Europa

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En las profundidades del océano Atlántico, cerca de la cima de una montaña submarina al oeste de la dorsal mesoatlántica, se alza un paisaje de torres blanquecinas que emerge de la penumbra. Se trata de la Ciudad Perdida, un campo hidrotermal descubierto en el año 2000 a más de 700 metros de profundidad. Sus estructuras de carbonato, que varían desde pequeñas chimeneas hasta imponentes monolitos de sesenta metros de altura, adquieren un tono azulado bajo las luces de los vehículos controlados por control remoto. Este entorno destaca por ser el sistema de ventilación hidrotermal activo más longevo del que se tiene constancia en los océanos.Durante al menos 120.000 años, el manto terrestre en esta región ha interactuado directamente con el agua marina, desencadenando reacciones químicas que liberan hidrógeno, metano y otros gases disueltos. En las grietas de estas chimeneas, los hidrocarburos resultantes de este proceso alimentan a comunidades microbianas singulares que prosperan sin necesidad de oxígeno. El fluido que emana de estos conductos alcanza temperaturas de hasta cuarenta grados, creando un hábitat propicio para poblaciones de caracoles y crustáceos, además de albergar de manera dispersa a cangrejos, camarones, erizos de mar y anguilas.La urgencia de proteger la Ciudad Perdida antes de que sufra daños irreparables Campo hidrotermal en la Ciudad PerdidaA diferencia de las chimeneas volcánicas conocidas como fumarolas negras, la Ciudad Perdida no depende del calor del magma. Mientras que las fumarolas negras producen principalmente minerales ricos en hierro y azufre, este campo genera cantidades notablemente mayores de hidrógeno y metano gracias a la alteración química de las rocas del mando. El interés científico en este entorno fue a más recientemente cuando, en 2024, un equipo de investigación logró extraer un testigo de roca del manto de 1.268 metros de longitud. Se espera que este material proporcione indicaciones significativas sobre cómo pudieron formarse las primeras moléculas orgánicas en las etapas iniciales de nuestro planeta.Debido a que los hidrocarburos de la Ciudad Perdida se originan mediante reacciones geoquímicas en el fondo marino, sin intervención directa de la luz solar ni del dióxido de carbono atmosférico, el lugar se presenta como un modelo para estudiar el origen de la vida. Esta particularidad química sugiere que ecosistemas similares podrían desarrollarse en otros cuerpos celestes de nuestro sistema solar. Algunos microbiólogos señalan que este tipo de actividad geoquímica podría estar ocurriendo en la actualidad en lunas heladas como Encélado o Europa, pertenecientes a Saturno y Júpiter, o haber existido en el pasado de Marte. Arqueólogos descubren en Polonia una ciudad medieval perdida que desapareció hace siglosEl relieve de la Ciudad Perdida cuenta con formaciones singulares, siendo la más alta de ellas un monolito bautizado como Poseidón, que se eleva más de sesenta metros sobre el lecho marino. En las inmediaciones de esta gran estructura se encuentra una ladera donde la actividad hidrotermal es más sutil. Científicos de la Universidad de Washington han observado que en esta zona los fluidos fluyen lentamente, dando origen a delicadas estructuras de carbonato que se ramifican hacia el exterior, asemejándose a los dedos de una mano abierta.No obstante, la singularidad de este entorno no está exenta de riesgos. En 2018 se otorgaron derechos de exploración minera en las áreas circundantes a la Ciudad Perdida, lo que generó preocupación entre la comunidad científica. Aunque el campo hidrotermal en sí no alberga los minerales de interés que se buscan explotar, los sedimentos resultantes de las actividades mineras en las inmediaciones podrían dispersarse y afectar gravemente a los organismos que habitan en este ecosistema. Por esta razón, diversos expertos han recomendado catalogar el lugar como Patrimonio de la Humanidad, buscando asegurar su preservación.