El partido de este viernes en Boston estaba señalado, desde el comienzo del Mundial, como uno de los grandes atractivos de la fase de grupos: Francia contra Noruega. Es decir, la batalla de los grandes delanteros. Kylian Mbappé contra Erling Haaland, la potencia contra el remate. Cuatro goles por banda en lo que va de Mundial y el récord del máximo goleador histórico -por ahora en manos de Lionel Messi- a tiro del francés. Pero la fiesta de los delanteros se estropeó antes incluso de que comenzara. Porque Noruega compareció sin Haaland, con la mirada puesta en la siguiente ronda. Y porque se coló Ousmane Dembélé. Firmó un triplete en media hora y se comió el partido. Todo acabó con una goleada 4-1, que, sin brillo excesivo, reafirma la pegada de Francia y su candidatura a levantar la copa. Mbappé compareció sin dejar duda de que peleaba por la primera plaza del grupo I. Pero también contra Messi y la historia. Apenas habían pasado veinte segundos de partido y el delantero madridista ya había estrellado la pelota a la madera. Pero fue Dembélé quien la mandó al fondo de la red. Fue muy poco después, en el minuto 7. Recibió escorado a la derecha, recortó hacia dentro y hacia fuera y la cruzó al portero noruego, que todavía no sabía que le caería una tromba. Con esa cara de estar levemente sorprendido por algo, el ariete del Paris Saint-Germain celebró haciendo un gesto con la mano, como diciendo 'que hablen, que hablen'. Es cierto que se ha hablado mucho de Mbappé y de Haaland. Y de su compañero Michael Olise, el favorito de muchos. Y muy poco de él, que ha sido Balón de Oro, que ha ganado dos Champions League seguidas. Y siguió hablando desde el campo. Para el minuto 32 había metido otros dos goles, ambos de factura parecida. Apertura de Mbappé, recepción en el costado derecho, recorte hacia dentro, tirazo angulado donde no llegan la mayoría de porteros. Sin duda no lo hizo el noruego Egil Selvik, que se temía una goleada histórica. No era algo que parecía preocupar al técnico de Noruega, Stale Solbakken. Avisó en la previa que rotaría mucho y no fue un farol. Cambió a diez jugadores respecto al anterior partido, frente a Senegal. «Tenemos que ser listos, no egoístas», justificó. «Lo más importante es la ronda de dieciseisavos». La decisión de Solbakken aguó la fiesta para muchos. Pero se ahorró la posibilidad de lesión de sus mejores jugadores -en especial, Haaland-, evitó esfuerzos y, quizá, mejoró sus opciones en las eliminatorias. ¿Era mejor quedar segunda de grupo? Es posible. Su rival será Costa de Marfil, que ha ganado dos partidos, pero sin maravillar a nadie. Francia, como primera, se enfrentará a uno de los mejores terceros, Suecia. En la siguiente ronda, se vería las caras con una potencia europea, Alemania. Y en cuartos, si se cumplen los pronósticos, a una Selección que gana enteros, Marruecos. Mientras que Noruega encontraría en octavos al ganador del Brasil-Japón. Y en el horizonte de cuartos, Inglaterra. Mientras se hacían las disquisiciones sobre qué ruta es mejor, aparecieron algunas dudas en Francia. Noruega respondió pronto al segundo gol de Dembélé y puso el 2-1 antes de que el francés cerrara su triplete, el más rápido en un Mundial desde 1938. Y los noruegos pudieron hacer más daño, pese a tener un equipo lleno de suplentes. Fallaron un penalti al comienzo de la segunda parte y perdonaron en un par de ocasiones. La peor parte se la llevó Mbappé: se fue de su fiesta sin medirse con Haaland, que no saltó al césped, y sin goles. Pero Francia demostró que le sobra pólvora, marque o no su gran estrella. En el tiempo extra, Desiré Doué marcó el cuarto, a pase de otro delantero talentoso, Bradley Barcola. En Toronto, en el mismo grupo I, Senegal hizo lo que tuvo que hacer: golear a Irak, 5-0. Era su única vía para clasificar como uno de los mejores terceros, pese a haber perdido los dos primeros partidos de su grupo.