Restauran un Niño Jesús del círculo de Juan de Mesa en Salteras

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En vísperas de la celebración del cuarto centenario de la muerte de Juan de Mesa, la hermandad de la Oliva de Salteras ha restaurado una obra atribuida con mucho acierto según los expertos al imaginero cordobés. Se trata de un Niño Jesús cuya intervención ha realizado el restaurador graduado Alfonso Verde González a lo largo de los últimos meses. Los trabajos han consistido en estabilizar la obra y subsanar los deterioros que presentaba debido a su mal estado de conservación. La imagen, conocida en la localidad aljarafeña como Niño Jesús del Mayorazgo , está realizada en madera de cedro. Fue ejecutada en el primer tercio del siglo XVII y presenta grandes similitudes con los modelos montañesinos instaurados en la Sevilla de la época. Se desconoce información sobre su encargo, pero figura en los archivos de la hermandad de Nuestra Señora de la Oliva, patrona de Salteras. La obra presenta muchas similitudes con otras de la misma iconogradía de Juan de Mesa . Así, algunos elementos como la mirada, el pelo, el modelado del cuerpo o la misma peana son muy parecidos a obras firmadas por el autor del Gran Poder cuya autoría ha sido confirmada por museos e instituciones. Algunos de los mayores ejemplos de estas similitudes son la peana del niño Jesús que se conserva en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, la cual presenta el mismo diseño y decoración estofada del cojín, o la peana del Niño Jesús de Juan de Mesa procedente del Museo Diocesano de Arte Sacro de Vitoria-Gasteiz. Actualmente, la talla se localiza dentro de una hornacina en el lateral derecho del retablo mayor de la capilla de la Oliva , y su uso es excepcional, siendo empleado como niño de la presidencia en los cultos en honor de la patrona o bien como protagonista de altares efímeros de Corpus Christi o de la procesión de impedidos. El Niño Jesús llegó al taller de Alfonso Verde en un estado de conservación bastante deficiente. Podía apreciarse a simple vista la gran cantidad de lagunas en la capa pictórica, así como grietas, roturas y posterior pérdidas tanto de dedos en las manos, como en los pies. La encarnadura de la obra se encontraba alterada por la oxidación de los barnices, provocando un oscurecimiento general de la obra, así como por la alteración de los repintes que intentaban ocultar daños y pérdidas anteriores. Además, la peana presentaba tanto pérdida de piezas como sucesivas capas de dorado y repintes con purpurinas que ocultaban el fino metal subyacente así como el rico estofado que conservaba el cojín sobre el que se deposita la imagen del niño. Previamente a la intervención, se estudió la obra mediante exámenes con luz ultravioleta, con rayos X, mediante microscopía digital y se realizaron varias catas de limpieza para determinar las sucesivas capas que componían la obra previamente a la restauración. La primera fase de la restauración consistió en fijar los estratos pictóricos que presentaban riesgo de desprenderse. Para ello se utilizó cola de conejo con el fin de utilizar un adhesivo compatible con la técnica original y de fácil reversibilidad. La limpieza consistió en la retirada de las sucesivas capas de repintes y suciedad que alteraban la policromía original del conjunto. En el caso de la escultura, supuso la remoción de repintes y barnices oxidados que ocultaban la luminosidad y calidad de la encarnadura subyacente. En el caso de la peana, se optó por eliminar todas las purpurinas y capas de dorado antiguas hasta llegar al dorado original así como al estofado del cojín, el cual se encontraba en un estado de conservación bastante favorable. Una vez finalizado el proceso de limpieza se reconstruyeron con madera y resinas epoxídicas todos aquellos volúmenes perdidos: dedos del pie, partes de la peana, así como unas manos de dimensiones adecuadas para la escultura. Las manos de nueva factura han mantenido la disposición y forma de las antiguas para respetar así la posición de las manos del niño. Por su parte, las piezas repuestas en la peana se realizaron mediante el positivado de moldes realizados con el fin de que las nuevas piezas sigan las formas originales del autor. Tras reponer las piezas y volúmenes faltantes, se procedió al estucado de grietas y lagunas para nivelar la superficie de cara a la reintegración cromática. El estucado se realizó de forma tradicional con el fin de asegurar una correcta compatibilidad de materiales. Tras el enrasado, se procedió a reintegrar cromáticamente las lagunas. La reintegración cromática se ha realizado siguiendo dos criterios. Para la imagen del niño se ha optado por una reintegración mimética en aquellas lagunas de reducido tamaño y la reintegración mediante rayado para las de mayor dimensión. En el caso de la peana se ha optado por una reintegración mediante rayado para la totalidad de la peana con el fin de asegurar una discernibilidad entre el original y el retoque. Tras estos meses de actuación, esta obra del círculo de Juan de Mesa se encuentra nuevamente en las dependencias de la hermandad de la Oliva de Salteras, donde puede contemplarse en horario de visitas o durante los cultos de la hermandad ya en todo el esplendor que ha recuperado en vísperas de una efeméride tan destacada como la que se cumple el año próximo.