El recital de Colombia queda incompleto frente a una Portugal sin alma

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El imponente estadio de Miami Gardens compareció a la cita vestido con un desbordante y absoluto manto amarillo; una sucursal del Metropolitano de Barranquilla en pleno suelo de Florida que transformó el duelo de altos vuelos entre Colombia y Portugal en un monólogo pasional. La selección de Néstor Lorenzo ofreció una exhibición de juego fluido, personalidad y ritmo que redujo a la constelación de estrellas lusa a un mero espectador de su propio destino. El empate sin goles final premia la solidez defensiva portuguesa y castiga la alarmante falta de colmillo clínico de los cafeteros, pero el veredicto numérico es inapelable: Colombia avanza a los dieciseisavos de final como invicta y líder del Grupo K. A cientos de kilómetros, mientras James Rodríguez revivía su idilio mitológico con la Copa del Mundo, en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta se disputaba un drama descarnado. Allí, la República Democrática del Congo levantó un abismo emocional para derrotar por 3-1 a la ya eliminada Uzbekistán, asegurando una tercera plaza que les coloca momentáneamente como el mejor tercero del torneo. Colombia demostró desde el inicio que su propuesta no entiende de especulaciones. Néstor Lorenzo plantó un dibujo mutante (un 4-3-3 en fase baja que se transformaba en un ambicioso 3-1-6 al atacar) que asfixió la salida de balón de una Portugal lenta e inconexa. Apenas al minuto 4, Jhon Córdoba avisó con un remate alto, anticipando lo que sería la tónica de la primera media hora: un dominio territorial abrumador del conjunto sudamericano. James Rodríguez, jugando con una libertad absoluta en la frontal, filtraba balones con la finura de sus mejores años, respaldado por la imponente superioridad física de Jhon Arias por el costado derecho. El cambio conservador de Roberto Martínez, dando entrada a Rúben Neves en detrimento de João Neves, no logró contener la verticalidad de una Colombia coral. De hecho, en el minuto 17, el propio Córdoba protagonizó una galopada formidable desde su propio campo, dejando atrás a Bruno Fernandes para soltar un latigazo tremendo que obligó a Diogo Costa a estirarse en una monumental parada a una mano. La respuesta lusa llegó únicamente cuando el talento individual se rebeló contra el desorden colectivo. En el minuto 40, Bruno Fernandes cazó un balón dentro del área y fusiló a bocajarro; la grada ya cantaba el gol, pero Camilo Vargas sacó una mano salvaje, de las mejores del campeonato, para mantener el muro intacto. Mientras la paridad gobernaba Florida, el Grupo K se ponía patas arriba en Atlanta. En el minuto 10, la Uzbekistán de Fabio Cannavaro descorchaba el partido con una obra de arte: Eldor Shomurodov aprovechaba un pase de cabeza de Fayzullaev para batir al meta congoleño con una vaselina deliciosa. El 0-1 desataba el pánico en el banquillo africano: con ese resultado, los «Leopardos» hacían las maletas rumbo a Kinsasa. La RD Congo reaccionó en tromba, impulsada por la urgencia histórica. Los aficionados uzbekos, sabiéndose virtualmente fuera pero orgullosos, atronaban el estadio con su propia versión del aplauso islandés, mientras Yoane Wissa desperdiciaba balones en el área chica. La segunda mitad en Miami devolvió el monólogo colombiano, auspiciado por una marea amarilla que rugía con cada posesión. James y Arias se buscaban y se encontraban en un palmo de terreno, tejiendo líneas de pase indetectables para el centro del campo ibérico. La falta de malicia en el área pequeña es, quizás, el único reproche que se le puede hacer a esta divertidísima Colombia. Gustavo Puerta rozó el poste con un misil desde la media distancia y Luis Suárez, ingresado en el tramo final, mandó a las nubes una volea franca tras un gran envío de Daniel Muñoz. Paralelamente, el destino del grupo terminaba de sellarse en el estado de Georgia. En el minuto 67, la persistencia congoleña encontró su recompensa cuando Abdukodir Khusanov derribó torpemente a Wissa dentro del área. El propio delantero del Brentford no perdonó desde los once metros, firmando un 1-1 que devolvía la fe a los suyos. Solo once minutos después, en pleno asedio africano, un disparo lejano de Elia rebotó en la zaga y el balón quedó muerto para que Fiston Mayele, con una sutileza excelsa, elevara el cuero por encima del guardameta uzbeko. El 2-1 desataba la locura en Atlanta; el Congo tocaba los octavos con la yema de los dedos. La puntilla llegó en el minuto 91, cortesía de un Wissa monumental, quien se revolvió en la frontal del área para clavar un derechazo inapelable que significaba el 3-1 definitivo y el estallido de un vestuario fundido en lágrimas. Con la clasificación congoleña ya consumada, los últimos minutos en Miami contuvieron la respiración de tanto lusos como colombianos. En el tiempo de descuento, Juan Fernando Quintero templó un tiro libre preciso al corazón del área y Davinson Sánchez conectó un cabezazo inapelable a la red. El Hard Rock Stadium estalló en un júbilo ensordecedor; parecía el broche de oro a una noche mágica. Sin embargo, el VAR llamó al orden: el central colombiano se encontraba adelantado apenas por la punta de la bota. Gol anulado y final del partido. El pitido final reactivará, sin duda, los debates en Lisboa sobre el encaje de Cristiano Ronaldo. El astro luso, a sus 41 años, completó un encuentro discretísimo, desconectado del circuito defensivo y limitando los apoyos que su equipo tanto requería ante la presión cafetera. Colombia avanza así con honores como líder del sector y se verá las caras contra Ghana. Portugal, penalizada por su juego rácano pero amparada en sus individualidades, clasifica como segunda y se adentra en las fauces de una durísima eliminatoria frente a Croacia. Por su parte, la República Democrática del Congo, con 4 puntos y una diferencia de goles positiva de +1, se erige con orgullo en los dieciseisavos, donde todo apunta a que desafiará el poderío de Inglaterra.