Un estudio publicado en Nature, con participación del CONICET, analizó ADN de ofiuroideos conservados en museos de todo el mundo y reveló conexiones evolutivas inesperadas entre regiones profundas separadas por miles de kilómetros. El trabajo muestra que el océano profundo está más conectado de lo que se pensaba, pero también que cada bioma conserva una historia genética única que exige protección específica.