Han pasado 32 años desde que Alejandro Fernández (Tarragona, 1976), un joven recién llegado a la mayoría de edad, cruzó la puerta de la sede del PP tarraconense en la Rambla Nova para afiliarse a Nuevas Generaciones. No llevaba padrinos, ni avaladores, ni un apellido de esos que abren despachos sin llamar. Llevaba algo bastante más raro: el sueño y la vocación de ser político. Desde niño. Mientras sus amigos querían ser futbolistas, astronautas o cualquier cosa razonable, él ya apuntaba maneras de friki vocacional. Quería la política. Y la quería en serio.Seguir leyendo....