Álvaro Fernández, farmacéutico, advierte sobre las duchas de agua fría en verano: "Al rato tendrás más calor"

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En días de mucho calor, la escena es casi automática: llegar a casa, abrir el grifo al máximo de frío y buscar un alivio inmediato. La piel nota el golpe de agua, baja la sensación de agobio y parece que el cuerpo ha ganado unos minutos de descanso. Ese bienestar tan rápido tiene una pega: suele durar menos de lo que promete.El problema aparece cuando el contraste es demasiado brusco. El organismo trabaja para mantener una temperatura interna estable y reacciona ante cambios intensos en la piel. Tras el primer respiro, la respuesta corporal puede empujar a recuperar calor y dejar una sensación peor en poco tiempo.Por eso, una ducha templada o fresca sin llegar al agua helada suele resultar más útil durante una ola de calor. No produce el mismo impacto al entrar, pero facilita que el cuerpo siga regulando su temperatura sin sobresaltos. En casa, el objetivo práctico es evitar que el alivio inmediato se convierta en otro golpe de sofoco.El cuerpo busca equilibrioUna ducha helada enfría la superficie de la piel y da una sensación agradable al instante. El efecto, sin embargo, puede quedarse en la superficie. En un reel publicado en Instagram, el farmacéutico Álvaro Fernández advierte de que, cuando el cuerpo percibe una bajada brusca, puede activar mecanismos para recuperar calor y el sofoco reaparece al cabo de un rato. La reacción no depende solo del agua, también del estado previo de la persona, la humedad y la ventilación del baño. Ver esta publicación en Instagram El mismo razonamiento sirve para otros remedios caseros de verano. Usar el aire acondicionado de forma más gradual, por ejemplo, evita saltos térmicos muy acusados al pasar de la calle a una habitación cerrada. Un descenso moderado de temperatura suele ser más llevadero que alternar frío intenso y calor exterior en pocos minutos.También conviene revisar cómo se mueve el aire dentro de casa. Un ventilador de techo bien configurado ayuda a repartir la corriente sin concentrarla sobre la piel mojada, algo que puede dar una falsa sensación de frescor si después se apaga de golpe. A media tarde, la combinación de sombra y aire puede ser más eficaz que una ducha extrema.Hábitos para bajar la temperaturaPara refrescarse tras llegar de la calle, el agua templada o fresca es una opción más estable. Después, secarse bien, beber agua y ponerse ropa transpirable ayuda a que la sensación de alivio se mantenga. Si se busca enfriar una estancia, trucos como el hielo y sal delante del ventilador pueden aliviar momentos concretos, aunque no sustituyen una buena ventilación ni una correcta protección frente al sol.De noche, cuando el interior de la vivienda conserva calor acumulado, abrir y cerrar ventanas sin criterio puede empeorar el descanso. Orientar el ventilador hacia la ventana en ciertos momentos ayuda a expulsar aire caliente si fuera hay menos temperatura que dentro. La diferencia entre dentro y fuera manda más que la prisa por notar frío en la piel.El Ministerio de Sanidad recuerda cada verano pautas básicas frente a las altas temperaturas: beber con frecuencia, evitar el sol en las horas centrales y prestar atención a mayores, niños y personas con enfermedades previas. Ante mareos, confusión o una sensación de agotamiento que no cede, la ducha templada es solo una ayuda; lo urgente es buscar un lugar fresco y pedir asistencia si los síntomas empeoran.