El Sol daña nuestras infraestructuras, pero quieren crear un muro gigantesco para detenerlo

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Cuando se habla de geoingeniería solar, solemos pensar en medidas drásticas, polémicas y casi de ciencia ficción para frenar el cambio climático. Son ideas que suelen generar cierto recelo porque, al no estar probadas, podrían alterar el planeta de formas que aún no comprendemos. Sin embargo, un grupo de científicos de la Universidad de Boston ha anunciado un proyecto con el que no busca enfriar la Tierra, sino algo completamente distinto: utilizar compuestos químicos para reforzar nuestro escudo magnético y protegernos de las peores tormentas solares.El proyecto ha sido bautizado como StormWall. Liderado por el investigador Brian Walsh, este sistema intenta mitigar el impacto de las eyecciones de masa coronal, esas brutales explosiones de plasma y energía que el Sol lanza al espacio sin previo aviso. En el artículo publicado en la revista Space Weather, los autores advierten que un impacto severo de este tipo destrozaría nuestra tecnología. No es una exageración teórica. En mayo de 2024, una tormenta solar inutilizó los sistemas GPS de los tractores en Estados Unidos, lo que costó a los agricultores unos 500 millones de dólares. Si ocurriera una supertormenta, el colapso global de Internet podría costar más de 7.000 millones de dólares al día, y los daños en la red eléctrica serían mucho mayores. Un peligro latente que no podemos seguir ignorando Gráfico que acompaña al estudio presentado por los investigadores de la Universidad de BostonEs fácil olvidar lo expuestos que estamos. La última gran tormenta solar ocurrió en 1859, el famoso evento Carrington, pero en aquella época apenas había tendido eléctrico y la vida seguía su curso sin él. Hoy, en cambio, dependemos de la tecnología para casi todo, desde una simple llamada hasta las transacciones bancarias. Una tormenta de esta magnitud ahora mismo paralizaría el mundo, por lo que urge buscar soluciones antes de que vuelva a ocurrir un evento como el de 1859.Aquí es donde entra StormWall. La idea consiste en lanzar seis naves a una órbita geoestacionaria para que, desde allí, liberen materiales como bario y litio justo en el límite de nuestro campo magnético. Al interactuar con la radiación del Sol, estos elementos perderían electrones y se cargarían eléctricamente, creando una especie de muro de plasma. Según las simulaciones del equipo, esta barrera desviaría la radiación dañina, reduciendo a la mitad la fuerza del impacto contra la Tierra.Lo interesante es que, a diferencia de otros planes de geoingeniería, este no dejaría residuos sobre nuestras cabezas. El plasma no cae a la Tierra; la propia magnetosfera lo barre y lo expulsa al espacio exterior en unas seis horas. Ahora bien, esto es un arma de doble filo. Al durar tan poco en órbita, mantener el escudo activo durante una tormenta larga exigiría una cantidad enorme de material, más o menos el equivalente a la carga de doce camiones cisterna. La NASA analiza si estamos listos para una tormenta solar extremaSubir todo ese peso al espacio es el gran inconveniente. Los científicos calculan que harían falta unos seis viajes del Starship de SpaceX para poner el material en órbita, una capacidad de transporte que aún no es viable. Aun así, Walsh y su equipo ya buscan formas de abaratar costes, como liberar los compuestos de manera más lenta en órbitas de transferencia. Al final, aunque siempre hemos asumido que ante el Sol solo queda cruzar los dedos y aguantar el golpe, propuestas como esta plantean que quizá, después de todo, sí podamos hacer algo para defendernos.