Alegrarse un poco del fracaso ajeno no te convierte en mala persona. La psicología explica por qué esa emoción incómoda aparece cuando la autoestima, la comparación y la justicia entran en juego

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Sentir una breve satisfacción cuando otra persona fracasa puede generar culpa, pero no es una rareza ni una señal automática de crueldad. La psicología lo llama schadenfreude: una emoción humana vinculada a la comparación social, la autoestima y la sensación de que alguien “recibió lo que merecía”.