Un dron golpeó en febrero de 2025 el Nuevo Confinamiento Seguro de Chernóbil, la enorme estructura de acero que cubre los restos del reactor 4. No hubo fuga radiactiva inmediata, pero el daño obligó a una operación extrema y dejó una pregunta incómoda: qué ocurre cuando una infraestructura nuclear civil queda atrapada dentro de una guerra.