The Big Shakedown #1, de Jordan Blum, Tim Seeley y Scott Koblish

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Edición original: The Big Shakedown #1 (Dark Horse Comics, 2026)Guion: Jordan Blum, Tim SeeleyDibujo: Scott KoblishColor: Hi-FiFormato: Grapa · 32 páginas · 4,9)$Una detective entre las ruinas del Gran Terremoto de Los ÁngelesEn el imaginario de la cultura occidental existe hace años la idea de que Los Ángeles desaparecerá luego de un terremoto gigante que destruirá la ciudad. La cultura pop ha producido material de sobra en torno a ese tópico. En The Big Shakedown, una nueva miniserie de Tim Seeley, Jordan Blum y Scott Koblish, se aborda ese escenario con algunas vueltas de tuerca, que alcanzan para contar una historia nueva y atractiva con este tema, combinando el género del policial negro con un trasfondo post apocalíptico. El “gran terremoto” es el telón de fondo para la historia que se desarrolla en esta serie. La narración nos sitúa en el contexto de lo sucedido en las primeras tres páginas, que incluyen una doble página que es de lo más logrado del dibujo en cuanto a impacto, narrativa y diseño, y luego da un salto temporal de cinco años para introducir a la protagonista que es también la narradora. En esas páginas iniciales, además de contextualizar y justificar que la ciudad quede abandonada, hay también otro comentario político sobre los gobernantes contemporáneos dejado al pasar. La voz en off de ese inicio corresponde al Presidente de los Estados Unidos, quien anuncia que dejará a Los Ángeles y sus habitantes a su suerte, alegando que el gran terremoto es un castigo divino por la corrupción y la banalidad de su población, que la convirtieron en las Sodoma y Gomorra actuales. Este recurso, además de ser un posicionamiento de los autores ante la clase política, sirve a la historia estableciendo el entorno en el que se desarrollará.Volviendo a la protagonista, su nombre es Ester Blanco, que en su vida antes de la catástrofe era detective privada, trabajo que también le proporcionó la posibilidad de desempeñarse como asesora para series televisivas del género policial y le dio cierta fama y comodidad. Todo se termina con el terremoto y Ester se convierte en una sobreviviente más que intentará dejar atrás a la ciudad. Pero antes, tiene varios pendientes por resolver, los cuales iremos descubriendo en el curso de la narración, y otros inesperados conflictos que se sumarán con el comienzo de la historia. La historia transcurre, entonces, por completo en una Los Ángeles abandonada por el Estado federal, cuyo vacío es ocupado por las grandes corporaciones y organizaciones delictivas que suplen las faltas del gobierno con sus propios métodos. Esto genera un contexto de violencia en el cual, por ejemplo, el alquiler de una vivienda comprende también en su precio protección y seguridad de un grupo mafioso. Es una idea que funciona trasladando elementos reconocibles del policial al escenario post apocalíptico en el que las reglas habituales de la sociedad ya no existen. La protagonista sigue moviéndose como una detective privada, pero ahora lo hace por supervivencia. El conflicto no es solamente encontrar lo que está buscando (y lo que le encargan encontrar), sino también hallarse a sí misma, su identidad, sus motivaciones. Este marco de una Los Ángeles destruida es la manera que los autores tienen para expresar sus sentimientos hacia la ciudad en la que viven o han vivido, en esa contradictoria relación de amor y odio. El cómic tiene detalles de la ciudad que escapan a quienes no la hemos habitado pero que en la lectura atenta son distinguibles, y es allí donde lucen los trabajos de Scott Koblish con Hi-Fi en los colores. El dibujo tiene además la responsabilidad de presentar una ciudad que es simultáneamente reconocible y completamente diferente. Koblish se apoya en lugares, referencias y elementos de la Los Ángeles real, pero los transforma al llevarlos a un escenario posterior a la catástrofe. La destrucción modifica los espacios y, con ellos, la manera en que los personajes se relacionan y se desplazan por la ciudad. Los colores de Hi-Fi terminan de construir esa atmósfera, acompañando los distintos registros de la historia sin perder nunca la identidad visual del conjunto.En la construcción de mundo The Big Shakedown encuentra buena parte de su atractivo. La historia no necesita detenerse constantemente para explicar cómo funciona su sociedad posterior al terremoto, sino que lo hace a medida que avanza, incorporada a la acción, a través de pequeños detalles que permiten comprender qué ocurrió con la ciudad y cómo se reorganizó su población. La estructura del guión también aporta a esto con una narración dinámica que mantiene varias subtramas en paralelo, agregando progresivamente información sobre Ester y sobre el mundo en el que ahora tiene que desenvolverse en líneas de diálogo que dicen mucho con pocas palabras. Hay una sensación permanente de movimiento, incluso cuando la historia parece detenerse, aparecen nuevos elementos que amplían el escenario y permiten comprender un poco mejor la situación de Los Ángeles. El trasfondo de Ester, además, permite que la serie conserve una estructura reconocible de policial, mientras su condición de superviviente la obliga a enfrentarse con un mundo en el que los códigos de ese género ya no funcionan igual. Es una protagonista que pertenece a dos momentos diferentes de la ciudad: la Los Ángeles que existía antes del terremoto y esta nueva versión, mucho más violenta y desordenada, que intenta construirse sobre sus ruinas.The Big Shakedown no necesita reinventar ni el policial ni el relato de catástrofe o el post apocalíptico para resultar interesante, tampoco parece proponérselo. Su principal virtud está en la combinación de elementos conocidos y en la manera en que los autores los utilizan para construir una Los Ángeles particular, reconocible y al mismo tiempo extraña. El resultado es una miniserie que encuentra en su mundo, en su protagonista y en su tono sus principales fortalezas, y que deja la sensación de que todavía hay bastante más por descubrir entre las ruinas de la ciudad. Una historia de detectives después de una catástrofe, pero también una historia sobre una ciudad que todavía conserva demasiadas cosas de aquello que era antes.↑Lo mejorLa construcción de mundo: la serie explica la sociedad posterior al terremoto dentro de la acción, sin detenerse a exponer.↓Lo peorEl apartado gráfico tiene un puñado de pasajes destacables pero está lejos del mejor nivel de Scott Koblish.