Una celebración familiar y unas fotografías tomadas en un reservado están en el origen de una historia que ha terminado extendiéndose entre trabajadores y clientes de un restaurante sevillano –que no es el viejo 'Viandas'-. Los empleados aseguran haber vivido situaciones difíciles de explicar y el relato señala hacia un antiguo camarero vinculado a los primeros propietarios del establecimiento. Una cena de cumpleaños, una familia reunida alrededor de una mesa y veinte personas convencidas de que aquella noche no ocurrió nada fuera de lo normal. El episodio que da origen a este caso comienza en un restaurante de Sevilla con varias décadas de historia y con algo aparentemente tan cotidiano como revisar las fotografías de una celebración. Fue entonces cuando una mujer de 42 años creyó descubrir en las imágenes a alguien a quien ninguno de los asistentes recordaba: un hombre vestido de camarero, situado junto a la mesa, que no parecía formar parte del personal que los había atendido. A partir de ese momento comenzaron a encajar otras historias que algunos trabajadores relacionaban con una misteriosa presencia en el establecimiento. La explicación que circula entre ellos conduce hasta los antiguos propietarios y hasta un hombre que habría trabajado allí como camarero décadas atrás. La celebración había sido organizada por una familia sevillana con motivo del 85 cumpleaños del padre. Habían reservado una sala para ellos y unas veinte personas participaron en la cena entre hijos, nietos y familia. Durante la velada no sucedió, según el relato, nada que llamara especialmente la atención. Los camareros entraron y salieron del reservado, llevaron platos, retiraron servicios y atendieron las peticiones habituales de una mesa numerosa. La sorpresa llegó dos días más tarde. Al revisar las fotografías almacenadas en su teléfono, una de las asistentes reparó en un hombre situado cerca de la mesa. Vestía de manera similar a un camarero, aunque aparentemente llevaba una indumentaria diferente de la utilizada por el personal que había trabajado aquella noche. «Era como un poco más retro, un poco más antigua, aparte que su cara no nos sonaba», decía Carmen Alcaraz. La mujer pasó de una fotografía a otra. La figura volvía a aparecer. Lo extraño no era únicamente su presencia. En las distintas imágenes parecía encontrarse en posiciones ligeramente diferentes y con la mirada dirigida hacia distintos miembros de la familia. La mujer preguntó a sus familiares. Nadie recordaba al hombre. La familia decidió acudir al restaurante y enseñar las imágenes. Allí comenzó la segunda parte de la historia. Los trabajadores que habían atendido el reservado tampoco reconocieron a aquella persona. No correspondía, según el relato, con ninguno de los empleados asignados a la celebración. Aquella circunstancia despertó el interés del responsable del establecimiento. Lo que para cualquier otra persona podía ser simplemente una anomalía en unas fotografías o un recuerdo impreciso tenía para algunos empleados una lectura diferente. No era la primera vez que alguien hablaba de un camarero desconocido. Con los años, según la historia construida alrededor del local, clientes y trabajadores habrían descrito encuentros esporádicos similares: un hombre visto durante unos segundos en un pasillo, una figura que atravesaba una sala o un supuesto empleado que aparecía cuando el establecimiento estaba prácticamente vacío. El propietario quiso saber hasta dónde llegaban aquellas coincidencias y comenzó a preguntar entre las personas que trabajaban allí. Antonio llevaba tiempo trabajando como camarero cuando, según esta recreación, vivió uno de los episodios que más recuerda. «Estábamos terminando el servicio. Quedaban muy pocas personas y vi pasar a un hombre hacia la zona de los servicios. Pensé que era un cliente. Esperé un poco porque estábamos pendientes de cerrar esa parte y, como no salía, fui a comprobarlo. No había nadie», relata Antonio. En ese momento no pensó en fantasmas. Su primera explicación fue mucho más sencilla: habría confundido una sombra, alguien habría salido por otro lugar o simplemente estaba cansado después de varias horas trabajando. Pero la distribución de aquella zona hacía que la explicación no terminara de convencerle. «No fue algo que contara inmediatamente. En un restaurante pasan muchas cosas durante un servicio y tampoco quieres convertir cualquier impresión en una historia de estas paranormales. Lo extraño fue cuando escuché a otros compañeros contar situaciones parecidas», continúa el testimonio dramatizado. No todos describían exactamente lo mismo, pero aparecía un elemento común: un hombre al que nadie conseguía identificar como miembro de la plantilla. Clientes que aseguran haber sido atendidos por alguien que no trabaja allí Marta Heredia protagoniza el segundo testimonio. En su caso, la supuesta aparición no habría sido observada directamente por ella, sino por una clienta. «Una señora me preguntó por un compañero. Me dijo que quería darle las gracias porque la había atendido muy bien y le había indicado dónde tenía que sentarse. Por la descripción que me dio pensé que estaba confundida», explica. La clienta hablaba de un camarero de mayor edad que los empleados presentes aquella jornada. Marta preguntó a sus compañeros. Ninguno correspondía con aquella descripción. «Le dije que probablemente habría sido alguien de otro turno, pero sabía que aquello tampoco cuadraba. Cuando describió la ropa fue cuando me llamó la atención. No era exactamente nuestro uniforme», añade. La anécdota quedó ahí. Nadie podía demostrar que la mujer hubiera visto realmente a una persona desconocida. Podía haberse confundido con otro cliente, con un trabajador ajeno al servicio de sala o incluso haber mezclado recuerdos. Sin embargo, para quienes ya conocían las historias anteriores, aquella descripción añadió una pieza más. El tercer relato corresponde a José, encargado de realizar algunas tareas cuando el restaurante ya se encontraba vacío. Su experiencia habría ocurrido después del cierre. Las mesas estaban recogidas y los clientes habían abandonado el establecimiento. Mientras comprobaba las diferentes dependencias antes de marcharse, creyó ver a alguien atravesando una de las salas. «Lo vi pasar de una sala a otra. No pensé en nada extraño. Mi reacción fue creer que quedaba una persona dentro y fui detrás porque teníamos que cerrar», recuerda. Cuando llegó a la siguiente estancia no encontró a nadie. Revisó entonces el resto del local. «Miré los servicios, las salas y las zonas a las que podía haber ido. No había nadie. Eso fue lo que me impresionó. Si ves algo durante un servicio lleno de gente puedes confundirte perfectamente. Cuando sabes que el local está vacío es diferente», señala. Para algunos trabajadores, sin embargo, la acumulación de historias acabó convirtiendo aquella figura en un personaje misterioso, en «el fantasma», como lo llaman. Era el camarero que no estaba en nómina. La búsqueda de una explicación llevó finalmente la historia hacia el pasado del restaurante. El establecimiento acumulaba décadas de actividad y por sus salones habían pasado diferentes generaciones de trabajadores y clientes. Según las pesquisas la descripción del misterioso camarero comenzó a relacionarse con una familia vinculada al negocio unos cuarenta años atrás. La hipótesis sostenida dentro de la leyenda apunta al hijo de uno de los antiguos propietarios. El hombre habría trabajado como camarero en el restaurante durante aquella etapa. Su aspecto y, especialmente, la ropa con la que supuestamente es descrita la figura habrían llevado a algunos empleados a establecer esa asociación. La historia añade que aquel antiguo trabajador falleció posteriormente en un accidente de tráfico. No se dispone de documentación que permita confirmar las circunstancias de esa muerte ni mucho menos establecer una relación entre esa persona y los episodios descritos décadas después. Por ese motivo, cualquier referencia a circunstancias misteriosas alrededor de su fallecimiento debe permanecer en el terreno de la simple conjetura. La fotografía del cumpleaños habría reforzado esa interpretación. El padre homenajeado era, según el relato, una persona vinculada como cliente al establecimiento desde hacía muchos años. Ese detalle dio pie a otra interpretación entre quienes creen en la naturaleza paranormal del episodio: quizá aquella supuesta presencia no se manifestó por casualidad durante esa celebración. Las experiencias atribuidas a trabajadores que dicen haber visto a un hombre desplazarse por el restaurante, las historias de clientes que aseguran haber sido atendidos por alguien cuya descripción no coincide con ningún empleado y la figura del reservado han terminado por conocerse en un pequeño grupo de personas que conocen lo que sucede, ocasionalmente, en el local. En un establecimiento con décadas de actividad, la memoria también se acumula entre mesas, fotografías antiguas, cambios de propietarios y generaciones de trabajadores. De ahí nació el nombre con el que algunos podrían resumir todo lo ocurrido: el camarero fantasma. Una cosa es segura: dentro de esta historia hay una sucesión de experiencias atribuidas a personas diferentes y separadas en el tiempo, todas ellas alrededor de una figura similar. Y hay un detalle que hace que el relato resulte especialmente inquietante: quienes dicen haberlo visto no describen una aparición amenazante. No hablan de alguien que persiga a los trabajadores ni de una presencia que altere violentamente el restaurante. Lo describen haciendo precisamente aquello que habría hecho décadas atrás: caminar entre las salas, acercarse a las mesas, orientar a algún cliente o permanecer discretamente junto a los comensales. Como si, para él, el servicio todavía no hubiera terminado. *Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: correodecontacto.garciabautista@gmail.com