El otoño ya no solamente trae temperaturas más bajas, sino que ahora nos enfrentamos a lluvias torrenciales y vientos hucaranados. Como se pudo observar el año pasado, Grazalema fue una de las zonas más afectadas por los temporales; sin embargo, no todas las zonas de Andalucía sufren del mismo modo. Fernando Rodríguez Correal, biólogo ambientalista y colegiado en el Colegio Oficial de Biólogos de Andalucía, señala que la costa mediterránea andaluza concentra el mayor riesgo de DANA debido a una combinación de factores naturales y humanos. La cercanía al mar, los fuertes desniveles y la transformación del territorio favorecen una escorrentía más rápida y potencialmente destructiva. La situación de Sevilla es diferente. El experto explica que su ubicación en la depresión del Guadalquivir y su relieve suave hacen que el riesgo sea menor, aunque advierte de que existen zonas concretas en las que sí pueden producirse desbordamientos y en las que resulta fundamental atender a las alertas oficiales. El biólogo establece una clara diferencia entre la vertiente mediterránea de Andalucía y el valle del Guadalquivir. La costa, explica, se encuentra más próxima al lugar donde suelen formarse muchas de las danas otoñales y cuenta con relieves abruptos, con fuertes desniveles concentrados en pocos kilómetros. A ello se suma la transformación de los usos del suelo. Según el experto, existen zonas donde se ha modificado «la infiltración y escorrentía natural del agua» y donde los cauces están ocupados en ocasiones por infraestructuras, carreteras o zonas urbanas. Frente a esta situación, la depresión del Guadalquivir cuenta con un relieve mucho más suave y está más alejada del Mediterráneo . Es precisamente esa circunstancia la que, según Fernando, hace que presente «un menor riesgo». El experto recuerda que Sevilla se asienta «en una gran llanura fluvial de relieve suave y moderado ». Por ese motivo, sostiene que «no es previsible» que se produzcan desbordamientos con la misma capacidad destructiva que los que se han visto en determinadas zonas mediterráneas. Eso no significa que la capital y su entorno estén exentos de peligro. Los modelos sí contemplan cierto riesgo de desbordamiento en torno al eje del Guadalquivir, el Tamarguillo, Espartales y algunos tramos del Guadaíra . Fernando insiste en que, ante episodios de lluvias intensas, la respuesta debe ser preventiva. En caso de alerta, considera esencial seguir las indicaciones de las administraciones y « restringir absolutamente la movilidad » en las zonas afectadas. El riesgo de una dana no depende exclusivamente de la cantidad de lluvia . La pendiente del terreno, la velocidad con la que el agua discurre y el modo en que se ha urbanizado el territorio resultan determinantes. Las denominadas aguas de arroyada pueden alcanzar una elevada velocidad y transportar sedimentos y materiales, incrementando su capacidad destructiva. El biólogo explica que ese arrastre puede eliminar vegetación y, especialmente, la capa superficial fértil del suelo. «Suelos que se han formado durante miles de años se pierden en unas horas », advierte.