Dormir entre 7 y 8 horas podría ser una de las claves para proteger nuestro cerebro frente a la demencia, según un amplio análisis de investigaciones previas que ha examinado cómo influyen el sueño, la actividad física y el tiempo que pasamos sentados en el riesgo de desarrollar este tipo de enfermedades. Los resultados apuntan a que nuestros hábitos cotidianos podrían desempeñar un papel importante a la hora de mantener la salud mental durante el envejecimiento.Un equipo de investigadores de la Universidad de York, en Canadá, reunió los datos de 69 estudios anteriores que, en conjunto, incluían a casi 4,5 millones de personas. A partir de esta enorme base de información, analizaron la relación entre la aparición de demencia y tres comportamientos que, al menos hasta cierto punto, podemos cambiar: cuánto dormimos, cuánto ejercicio hacemos y cuánto tiempo permanecemos sentados.Ni dormir poco ni dormir demasiado parece beneficioso La conclusión más llamativa tiene que ver con el suelo. El análisis identificó entre 7 y 8 horas de descanso nocturno como el intervalo asociado con el menor riesgo de demencia. Dormir menos de 7 horas se relacionó con un aumento del 18 %, mientras que superar las 8 horas se asoció con un incremento del 28 %. El resultado refuerza la idea de que, cuando hablamos de sueño, no siempre más significa mejor.Cabe mencionar que la relación entre dormir demasiado y la demencia, no obstante, es compleja. Los investigadores subrayan que su estudio, que ha sido publicado en PLOS One, identifica asociaciones, pero no demuestra que determinadas horas de sueño provoquen directamente la enfermedad. De hecho, algunas investigaciones anteriores han planteado que dormir durante muchas horas podría ser, en determinados casos, una consecuencia temprana de procesos relacionados con el alzhéimer, y no necesariamente una causa que contribuya a desencadenarlos.El estudio también encontró una relación entre la salud mental y la cantidad de movimiento diario. Realizar menos de 150 minutos de actividad física a la semana se vinculó con un mayor riesgo de demencia, al igual que pasar más de ocho horas al día sentado. Estos resultados encajan con un creciente conjunto de investigaciones que relacionan el sedentarismo y la falta de ejercicio con distintos problemas cardiovasculares y neurológicos. ¿En qué consiste el deterioro cognitivo y cómo afrontarlo?Una posible explicación es que el movimiento regular favorece la circulación sanguínea y contribuye a mantener en buenas condiciones el sistema cardiovascular, estrechamente relacionado con el funcionamiento del cerebro. La actividad física también puede favorecer mecanismos neuroprotectores y reducir procesos inflamatorios. El sueño adecuado, por su parte, participa en procesos imprescindibles para el cerebro.El estilo de vida como herramienta frente a la demencia Hacer mínimo 150 minutos de ejercicio físico a la semana es muy importanteLa importancia de estos descubrimientos aumenta ante el crecimiento previsto del número de personas afectadas por enfermedades neurodegenerativas en las próximas décadas. Aunque todavía no existe una cura para la demencia, identificar factores de riesgo modificables podría ayudar a retrasar su aparición o reducir su incidencia. Algunas estimaciones apuntan a que una proporción considerable de los casos podría prevenirse o retrasarse actuando sobre los factores relacionados con el estilo de vida.El trabajo tiene además una característica poco habitual: los estudios analizados incluían participantes desde los 35 años, una edad considerablemente inferior a la de muchas investigaciones centradas en la demencia. Todos partían de personas que no presentaban demencia y posteriormente siguieron su evolución a lo largo del tiempo.Por ahora, la evidencia no permite afirmar que dormir exactamente 7 u 8 horas, hacer ejercicio o levantarse de la silla vaya a prevenir por sí sola la demencia. Pero sí refuerza una idea cada vez más presente en la investigación científica: cuidar la salud mental no depende únicamente de lo que hacemos cuando somos mayores, sino también de los hábitos que construimos durante buena parte de nuestra vida.