Un tren que salió 16 minutos tarde de Exeter en el siglo XIX ha servido para corregir un error histórico sobre las primeras tormentas solares que afectaron a la tecnología. Hasta ahora se creía que aquel retraso se había producido en 1841, pero un grupo internacional de investigadores ha encontrado pruebas de que ocurrió en 1848, siete años después de lo que se pensaba.La información nos llega desde SciTech Daily, que recoge un estudio publicado en la revista Space Weather el pasado 16 de septiembre. La investigación ha estado dirigida por la Universidad de Lancaster, en Reino Unido, y para llevarla a cabo los científicos han tenido que revisar periódicos, horarios ferroviarios y observaciones astronómicas de hace casi dos siglos. Todo para aclarar un error que llevaba más de 150 años dándose por bueno.El tren de Exeter tenía un problema: en 1841 no existía la línea Ferrocarril de Londres y del Suroeste en el siglo XIXLa historia comienza en 1871, cuando la revista científica Nature publicó un artículo anónimo que hablaba de una perturbación magnética muy intensa ocurrida el 18 de octubre de 1841. Según aquella publicación, la actividad solar había interferido con las señales telegráficas de un ferrocarril británico, impidiendo comprobar si el tramo de vía entre Exeter y Starcross estaba despejado. El tren de las 22:05 tuvo que retrasar su salida.Lo curioso de todo esto es que la línea ferroviaria entre Exeter y Starcross no se inauguró hasta 1846. Es decir, que cuando supuestamente ocurrió el incidente todavía faltaban casi cinco años para que empezasen a circular trenes por allí. Y aunque esto debería haber sido suficiente para cuestionar la fecha original, el relato de Nature había terminado convirtiéndose en una referencia habitual para los investigadores del tiempo espacial.Brett Carter, profesor asociado de la Universidad RMIT de Australia y participante en el estudio, explica que estaban investigando lo que necesariamente tenía que ser una errata en el artículo original. Según sus palabras, la fecha de 1841 era materialmente imposible, así que el siguiente paso consistía en averiguar cuándo había sucedido realmente el incidente. Y para eso había que buscar algo más que registros de actividad solar.Los investigadores recurrieron a los periódicos locales de la época, donde se publicaban regularmente los horarios de los trenes. Allí encontraron que el servicio de las 22:05 desde Exeter aparece documentado entre marzo de 1848 y julio de 1849. Con este dato pudieron acotar bastante la búsqueda, aunque todavía necesitaban comprobar si había ocurrido alguna tormenta geomagnética que encajase con lo descrito en 1871.Y la encontraron. Los registros del observatorio de Greenwich muestran una actividad geomagnética especialmente intensa durante la noche del 18 de octubre de 1848, mientras que las observaciones astronómicas de aquellos días documentan grandes manchas solares y auroras visibles en distintos puntos de Europa. Incluso hay registros de auroras rojizas observadas desde el noroeste de España, lo que da una idea de la extensión que alcanzó el fenómeno.Ahora bien, esto no significa que hayan encontrado el parte original de aquel retraso ferroviario. Lo que tienen es una serie de pruebas históricas que, al cruzarse, señalan a 1848 como la fecha más probable del incidente. James Wild, profesor de la Universidad de Lancaster y autor principal del estudio, considera que la coincidencia entre los horarios, los registros magnéticos y los testimonios de la época permite situarlo casi con total seguridad en ese año.Una tormenta solar anterior cambia la cronología de los primeros incidentes La corrección tiene una consecuencia interesante, porque hasta ahora se consideraba que el incidente de Exeter podía ser el primer caso documentado de actividad solar afectando a una tecnología humana. Sin embargo, al trasladarlo a 1848, el registro más antiguo pasa a ser uno ocurrido en marzo de 1847, cuando una tormenta geomagnética interfirió con los sistemas telegráficos de la Midland Railway, cerca de Derby, en Inglaterra.Quizá te estés preguntando cómo podía una tormenta solar afectar a un tren en aquella época. La explicación está en el telégrafo, que se utilizaba para comunicar a los responsables de las estaciones si las vías estaban libres. Las perturbaciones del campo magnético terrestre pueden generar corrientes eléctricas en cables largos, alterando el funcionamiento de estos sistemas. Y precisamente eso era lo que sucedía con las primeras redes telegráficas.No fue, ni mucho menos, la última vez que ocurrió algo parecido. Apenas una década después tuvo lugar el evento Carrington de 1859, una de las tormentas solares más intensas de las que tenemos constancia. Entonces los operadores de telégrafo llegaron a sufrir descargas eléctricas, se produjeron incendios por las chispas que saltaban de los equipos y algunos circuitos funcionaron sin necesidad de conectarlos a sus baterías.La diferencia con respecto a lo que sucedía en el siglo XIX está en la cantidad de tecnología que utilizamos actualmente. Hoy dependemos de redes eléctricas, satélites, sistemas de navegación y comunicaciones que pueden verse afectados por estos fenómenos. De hecho, se calcula que una tormenta comparable a la de 1859 podría provocar daños superiores a los 2,4 billones de dólares sólo en las redes eléctricas, y ya hay investigadores que trabajan en sistemas para reducir sus efectos.Mike Hapgood, científico de RAL Space que ha participado en la investigación, considera que conservar los registros históricos puede ayudar a mejorar las predicciones de futuras tormentas solares. Y teniendo en cuenta que en la década de 2030 comenzará un nuevo ciclo solar, conocer mejor lo que ocurrió en aquellos primeros incidentes puede servir para preparar las infraestructuras actuales frente a fenómenos de los que todavía estamos aprendiendo bastante.