Hallado en Wyoming el pariente del calamar más robusto de la historia: vivió hace 160 millones de años y solo existen dos fósiles en todo el mundo

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En Wyoming, Estados Unidos, un estudio de dos fósiles ha permitido identificar una especie de cefalópodo que vivió hace unos 160 millones de años. Lo que más ha sorprendido a los investigadores es su anatomía: tenía una estructura interna mucho más ancha y gruesa de lo habitual. Bautizada como Wyoteuthis linsterorum, esta especie aporta nuevas pistas sobre la diversidad de los animales marinos que habitaban en los océanos durante el Jurásico.El animal pertenecía al grupo de los belemnites, unos moluscos extintos emparentados con los calamares y los pulpos actuales. Estos cefalópodos poblaron los mares durante millones de años y dejaron numerosos restos fósiles. La parte que suele conservarse mejor es el rostro, una estructura interna endurecida que proporcionaba firmeza al cuerpo. Normalmente, tiene una forma alargada y estrecha, parecida a una bala. No obstante, los ejemplares descubiertos en Wyoming presentan una apariencia muy diferente.Un cefalópodo con unas proporciones extraordinarias A, vista dorsal. B, vista lateral derecha. C, vista alveolar. D, sección transversal a 45 mm del protoconcha. E, vista apical. F, tomografía frontal (ventral). G, tomografía sagital (lateral derecha). Escala: 10 mm (A–E); 30 mm (F, G)Cabe destacar que la cabeza del Wyoteuthis linsterorum medía unos diez centímetros de largo y podía alcanzar los seis centímetros de ancho. Para hacerse una idea de lo excepcional que resulta, los belemnites más comunes de la región suelen tener una anchura de apenas uno o dos centímetros. La diferencia es considerable: los investigadores consideran que se trata del belemnite más grande conocido hasta ahora. A partir de los restos conservados, podría haber alcanzado unos 60 centímetros de longitud.Sobre por qué tenía una estructura interna tan voluminosa, por ahora, no hay una respuesta clara y concisa. Una de las hipótesis es que esta característica estuviera relacionada con su alimentación. En el mismo entorno vivían otros belemnites más pequeños, del género Pachyteuthis, que podrían haber formado parte de su dieta. Los calamares actuales cazan otros cefalópodos e incluso pueden alimentarse de individuos de su propia especie. Ahora bien, los investigadores necesitan más pruebas para confirmar si el animal jurásico tenía hábitos similares. Los fósiles proceden de la formación Sundance, una zona geológica que conserva vestigios de un antiguo mar interior que cubría parte del oeste de Norteamérica.Dos fósiles y décadas de espera Diferencia de tamaño entre los dos Wyoteuthis linsterorum encontradosLa historia del descubrimiento comenzó a finales de los años 90, cuando Burkhard Pohl, fundador del Wyoming Dinosaur Center, encontró un belemnite mucho más grande de lo normal. El fósil quedó guardado en la colección del museo durante años, hasta que apareció una segunda pieza. En 2019, Cliff Linster, un coleccionista aficionado, descubrió otro ejemplar cerca de Ten Sleep y decidió donarlo al centro. La comparación de ambos restos permitió a los especialistas reconocer una especie hasta ahora desconocida. Para estudiar su anatomía sin dañar los fósiles, el equipo utilizó tomografía computarizada, una técnica que permite observar las estructuras internas con detalle. El análisis reveló características que relacionan al animal con una familia de belemnites que, según se creía, había desaparecido millones de años antes. El cerebro de los pulpos desafía todo lo que los científicos saben sobre la evoluciónEl nombre de la especie también encierra una historia personal. Wyoteuthis hace referencia a Wyoming y a su naturaleza de cefalópodo, mientras que linsterorum homenajea a Cliff Linster y a su familia. Linster falleció antes de que publicara la investigación, pero su pasión por los fósiles ha quedado ligada a este hallazgo. Los dos ejemplares pueden verse actualmente en el Wyoming Dinosaur Center, en Thermopolis.En cuanto al estudio, publicado en Papers in Palaontology, demuestra que todavía pueden aparecer descubrimientos inesperados en lugares explorados durante generaciones.