Rafa Guerrero, psicólogo, explica el TDAH en jóvenes: «Un adolescente de 15 años con TDAH puede tener un cerebro de un niño de sexto de primaria»

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Saber resolver un ejercicio y conseguir terminar los deberes son capacidades que pueden dar resultados muy distintos. Un adolescente entiende lo que debe hacer, pero pierde el hilo, olvida un paso o empieza otra cosa antes de acabar. Comprender una tarea y organizar su ejecución no siempre avanzan al mismo ritmo.En el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, esa distancia puede afectar a la vida escolar y familiar. Interpretarla como desinterés deja fuera las dificultades para regular la conducta. El problema merece una valoración que atienda a cómo funciona el menor en distintas situaciones, además de lo que sabe o las notas que obtiene.La comparación entre un adolescente y un alumno de primaria busca hacer comprensible esa diferencia. Conviene delimitarla desde el principio: ninguna equivalencia entre edades resume todas las capacidades de una persona, su inteligencia o su responsabilidad. Tampoco sirve para calcular una supuesta edad cerebral individual.Lo que expresa la comparación @rafaguerreropsicologo Buenas noches. Os comparto otro reel sobre mi conversación con las compañeras de Psiconversa @centropsicologicosmc. Aquí hablamos sobre que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la forma en la que el cerebro regula la atención, la impulsividad y la actividad. Lo cual, a veces se explica como si estos niños y niñas fueran “con el freno de mano puesto”. No porque no puedan, sino porque les cuesta más gestionar sus propios recursos internos. Muchos tienen una inteligencia media o incluso superior a la media, pero su “wifi cerebral” funciona de manera diferente: procesan la información, se organizan y regulan su conducta a otro ritmo. sonido original - Rafa Guerrero El psicólogo Rafa Guerrero utiliza el ejemplo de un joven de 15 años para explicar que determinadas capacidades de regulación pueden desarrollarse a otro ritmo. Algo que explica en su cuenta de TikTok, donde sitúa la comparación en la conectividad cerebral y en un menor de 10 años, de quinto o sexto de primaria. El ejemplo se refiere al funcionamiento que permite coordinar acciones y controlar impulsos.Esa explicación encaja con lo que Guerrero señala en sus publicaciones sobre el TDAH: las dificultades de organización pueden coexistir con una buena capacidad de análisis. Un fallo de la memoria cotidiana, como olvidar una obligación, no permite decidir cuánto comprende un alumno. Las conductas visibles cuentan una parte de lo que ocurre durante una tarea.Hay investigación que ayuda a situar el ejemplo. En 2007, un equipo dirigido por Philip Shaw estudió 824 resonancias de 223 niños con TDAH y 223 menores de un grupo de comparación. El trabajo, publicado en PNAS, encontró diferencias en la maduración de la corteza. La mediana de edad a la que la mitad de los puntos corticales alcanzaba su grosor máximo fue de 10,5 años en el primer grupo y de 7,5 en el segundo.Esas cifras describen una medida anatómica en grupos, no una resta que deba aplicarse a cualquier adolescente. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos explicó que el retraso era más marcado en regiones relacionadas con la atención y la planificación. Igual que ocurre al estudiar el aprendizaje de tareas, un resultado medio necesita límites antes de trasladarlo a una persona concreta.La ayuda depende del casoEl mismo instituto describe el TDAH como un trastorno del desarrollo con síntomas persistentes de inatención, hiperactividad o impulsividad. La organización del tiempo y la finalización de trabajos largos pueden resultar difíciles. Existen presentaciones distintas. No todos los menores muestran los mismos síntomas ni necesitan idénticos apoyos para cumplir sus obligaciones.Para valorar el diagnóstico se reúne información de la vida diaria y se comprueba que los síntomas aparezcan en más de un entorno. También se consideran problemas de sueño, ansiedad u otras dificultades que pueden parecerse al TDAH. Una conversación sin reproches puede facilitar que se explique lo que sucede. Una comparación llamativa nunca sustituye esa evaluación clínica.Entre los apoyos que recoge la información del instituto están las rutinas, las instrucciones claras y la división de tareas grandes en pasos pequeños. El uso de ayuda profesional permite decidir cuáles son apropiados y valorar el tratamiento. La finalidad es que el estudiante disponga de apoyos concretos para aprender y organizarse, con seguimiento de lo que funciona.El ejemplo de Guerrero invita a revisar qué se está exigiendo antes de atribuir un incumplimiento a falta de voluntad. Un alumno puede necesitar que una instrucción se dé por pasos o que alguien compruebe con él cómo empezar. Identificar esa dificultad cambia la respuesta que recibe en casa y en clase, sin rebajar de antemano lo que puede llegar a aprender.