Ben 10 #5, de Steven T. Seagle, Robert Carey y Ren Spiller

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Edición original: Ben 10 #5 (Dynamite, 2026)Guion: Steven T. SeagleDibujo: Robert CareyColor: Ren SpillerFormato: grapa, 32 páginas, 4,99 $Juzgando el conjuntoHoy no me gustaría hablar del reinicio de Ben 10 como otro cómic individual, sino como obra que encuentra, en el fundamento de su naturaleza, la serialización. Ya he comentado en ocasiones anteriores lo que me parecía cada número, pero, llegada la quinta entrega, creo que es momento de juzgar el conjunto.Para situarnos, esta nueva serie de cómics de Ben 10 propone una nueva y más libre interpretación del mítico personaje de dibujos animados. A los mandos del guion encontramos a Man of Action, el equipo de guionistas que creó la franquicia originalmente. En sus filas se hallan grandes nombres como Joe Casey, Steven T. Seagle, Joe Kelly y Duncan Rouleau. Aunque todos ellos participan activamente en la elaboración de las líneas maestras de la trama, la escritura de los guiones de cada número se asigna a una sola persona. En los tres primeros capítulos tuvimos a Joe Casey, en estos dos siguientes hemos tenido a Steven T. Seagle y en el sexto nos toparemos con la vuelta del mismo Casey, que parece llevar la voz cantante.Si os interesa saber cómo ha sido la serie hasta ahora, os animo a ojear la reseña sobre la entrega anterior, en la que se expone una recapitulación más detallada de todo. Sin embargo, en este momento, querría centrarme en la actualidad y en el tema del primer párrafo, esa serialización.ActualidadEmpecemos con la actualidad: el cuarto número de la serie destacó, además de por el cambio de guionista, por el cambio de tono que lo acompañó. Una de las promesas de este reinicio era atreverse con elementos más maduros, y parecía que aquellas veinte páginas eran la culminación de tales intenciones. De repente, las trazas de crudeza que ya se entreveían hasta ese momento se convertían en una suerte de terror juvenil que no dejaba la sangre helada pero sí elevaba la intensidad respecto a lo que cabría esperar de una historia marca Cartoon Network. A pesar de todo, es con ligera decepción que debo admitir un nuevo cambio de rumbo en la cruzada de Ben: este quinto número vuelve a la senda de lo esperado y, lejos de profundizar en el tono terrorífico, vuelve a rebajar el nivel hasta lo inofensivo.Lo que se nos plantea en este capítulo es el típico caso de los niños que deben afrontar el peligro sin su figura paterna. Hasta ahora, el abuelito extremo Max había sido un ejército de un solo hombre, capaz de sacar cualquier castaña del peor de los fuegos. No obstante, ahora es Max quien se encuentra en problemas, por lo que la responsabilidad de arreglar el meollo recae sobre los hombros de Ben y su prima. En otras circunstancias, con otro enfoque y con un ánimo de profundizar en la propuesta de terror, aquí nos habríamos encontrado una historia de abismo y superación; una montaña imponente que, de escalarse con suficiente esfuerzo, conduciría a un final feliz a la par que a unos personajes mucho más maduros.La cuestión es que vivimos en otra realidad; una realidad en la que nada de esto ha ocurrido. En su lugar, y sin ánimo de revelar en detalle los acontecimientos del episodio, la dificultad principal que debe superar Ben es valorarse a sí mismo como humano, más allá de sus formas alienígenas de manos del omnitrix. Como idea, no es mala. Como ejecución, es más simple que el mecanismo de un chupete: conflicto, fallo, pausita de hidratación, mismo conflicto pero con un ligerísimo cambio cuya importancia te tienes que creer y, por último, resolución. Por describirlo mal y pronto, casi parece como si se hubieran quedado sin tiempo ni ideas… y, a pesar de todo, he terminado la lectura con una sonrisilla sincera.SerializaciónHe aquí la segunda cuestión del día: la serialización. En este caso, me gustaría hablar de la serie de animación original: estaba bien, por supuesto… o eso es lo que pensaba mi yo pequeñito, al menos. Sin embargo, el placer que obtenía de ella no era tanto el de una historia apoteósica y gloriosa. Más bien, el de un espacio cálido en el que pasar un buen rato.El valor principal de Ben 10, como el de tantas otras series del estilo, siempre han sido sus personajes y su universo: la capacidad de generar un universo de ficción al que poder acudir con acogedora recurrencia. Mi miniyo no quería encontrar nuevos momentos revolucionarios, sino la misma personalidad rebelde aunque noble de Ben, los mismos comentarios de hastío de una Gwen cuyo corazón siempre escondía cariño y la figura binaria de Max, el abuelo que hacía gracia por meter tanta caña. Y, por encima de todo aquello, el omnitrix y las especies alienígenas, a cada cual más molona. Lanzaban fuego, corrían a supervelocidad o se convertían en una pelota gigantesca… y la imaginación volaba: “¡Ahora puede con todos! ¿Qué haría yo con un reloj así?”.Los seguidores de los cómics, en especial del pijameo, entenderán mejor que nadie las sensaciones que describo. Y por ello, precisamente, me quedo con una sonrisa después de todo. Este quinto número ha retomado todas las sendas de lo esperable y me ha arrancado la palabra “decepción” de los dedos, pero… hay que ver lo básicos que somos a veces: tal vez eso era justo lo que quería. Una nueva oportunidad para volver a aquel universo acogedor, acompañado de Ben, Gwen, Max y unos cuantos alienígenas.↑Lo mejorEl dibujo de Robert Carey y el color de Ren Spiller cada vez conforman con más rotundidad mi imaginario visual de la franquicia.Siguen siendo los personajes y el universo que a tantos nos encantaban.↓Lo peorEl terror y demás sorpresas han desaparecido por el camino en lo que parece un volantazo tonal o una sequía de inspiración.