Mauricio Cárdenas, exministro de Hacienda, presentó la propuesta de ajuste fiscal del movimiento que lidera.Foto: Avanza ColombiaA pesar de las conversaciones del Gobierno colombiano con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para explorar líneas de liquidez preventiva y financiamiento a menor costo, el país enfrenta un abultado volumen de necesidades financieras para el próximo año que supera los US$50.000 millones netos.Por esta razón, los recursos que eventualmente otorgue la entidad multilateral no podrán sustituir las fuentes tradicionales de financiamiento. En consecuencia, la asistencia del FMI servirá únicamente como un complemento, obligando a la Nación a continuar recurriendo a colocaciones en el mercado privado de capitales, créditos internacionales y títulos de deuda pública interna para cubrir su requerimiento de caja.Recomendado: El acercamiento de Colombia al FMI calma a los mercados y abre la puerta a financiamiento más baratoAsí lo manifestó el exministro de Hacienda y ex precandidato presidencial Mauricio Cárdenas en diálogo con Valora Analitik al analizar la determinación del Gobierno nacional de sentarse a negociar con el FMI.Para el economista, la decisión gubernamental responde a un escenario marcado por el elevado déficit fiscal y el alto costo del servicio de la deuda pública. Cárdenas cree que al buscar un acuerdo con el organismo internacional, el Ejecutivo pretende enviar una señal de credibilidad y respaldo técnico a los mercados globales, reestructurar pasivos de alto costo por deuda con menores tasas de interés y estabilizar los principales indicadores financieros del país.Sobre la intención del Gobierno de sentarse con el Fondo Monetario Internacional, ¿qué cambia ese simple anuncio en materia de confianza y expectativas sobre las cuentas fiscales?Genera confianza porque el Fondo Monetario tiene mucho peso en la conversación financiera global. Cuando los inversionistas saben que el FMI está detrás dando su aval y respaldo, se produce un efecto positivo. Saben que el compromiso adquirido por el país es serio y no se puede ignorar fácilmente, pues si una nación no cumple lo pactado, la alta visibilidad de la entidad provoca repercusiones inmediatas en el mercado.¿Qué tanto puede significar esta gestión para que Colombia acceda a recursos del FMI o de otros organismos multilaterales?Es un aspecto fundamental porque nos permitirá acceder a recursos más baratos frente a los que hoy consigue Colombia en otras fuentes, considerando que el país requiere un volumen de financiamiento muy elevado. El FMI puede ofrecer montos significativos y a costos mucho más bajos, algo que no se logra en ninguna otra parte. Instituciones como el Banco Mundial, el BID o la CAF no están en condiciones de prestar las cifras que ofrece el FMI ni con sus mismas ventajas financieras, dado que el Fondo imprime su propia moneda y presta con recursos propios sin necesidad de salir a fondearse.¿En qué cree que puedan derivar técnicamente estas conversaciones, tanto en opciones de financiación como en condicionalidades para el país?Aún no está clara cuál línea se terminará utilizando. La Línea de Crédito Flexible que teníamos anteriormente se perdió, y esa era la mejor opción porque no imponía condiciones ni exigía explicaciones para los desembolsos. En esta ocasión se tratará de un instrumento que vendrá acompañado de compromisos, donde lo deseable es que se fijen condiciones mínimas y no demasiado exigentes.¿Considera que esas condiciones se traducirán en exigencias para corregir el desbalance fiscal mediante decisiones de política pública?Claro, lo que se requerirá es un programa de recorte del déficit fiscal para reducirlo desde niveles cercanos al 9 % del PIB —proyectados para el año entrante— hasta alrededor del 4 % hacia el año 2030. Para Colombia esto implica la ejecución de un plan de ajuste en el gasto público y, aunque ojalá se evite, no se descarta que la discusión incluya aspectos de carácter tributario.Frente a las alternativas de financiación, ¿cómo evalúa la postura de priorizar los préstamos multilaterales y reducir la emisión de bonos?No, Colombia va a tener que seguir emitiendo bonos; el financiamiento multilateral no los reemplaza, sino que actúa como un complemento. Las necesidades del país son mucho mayores: para el próximo año se requiere un financiamiento neto mínimo de US$50.000 millones y el FMI otorgaría, en el mejor de los casos, unos US$20.000 millones que no se entregan todos en una sola vigencia. En consecuencia, el país tiene que seguir haciendo emisiones de bonos, créditos con la banca multilateral y emisiones de TES en el mercado local.¿Cómo perciben los mercados esta aproximación al FMI? ¿Agrava la incertidumbre o demuestra la voluntad de corregir la situación?Esto no agrava nada, al contrario, ayuda a enderezar el rumbo y forma parte de la solución. Juega a favor porque permite obtener financiamiento económico, siempre que el Gobierno mantenga una intención real y genuina de aplicar el ajuste fiscal, ya que el peor escenario sería concretar un acuerdo para luego incumplirlo.¿Qué impactos inmediatos o de corto plazo prevé en variables como las tasas de los títulos TES y la cotización del dólar?Ya comenzamos a ver algunos efectos, como una leve reducción marginal en la tasa de los títulos TES. Respecto al dólar, considero que la tendencia será hacia el alza. Un dólar cercano a los $3.000 no reflejaba la realidad económica, sino un momento de euforia. Con el afloramiento de las dificultades fiscales de fondo, la tasa de cambio se ubicará más cerca de los $4.000 que de los $3.000 mientras no se resuelvan los desequilibrios de base.¿Qué otros indicadores macroeconómicos podrían comenzar a cambiar y en qué plazos se sentiría dicho impacto?Lograr reducciones en el servicio de la deuda o en su proporción sobre el PIB tomará tiempo mientras se consolida el acuerdo y se efectúan los primeros giros. Sin embargo, en el corto plazo ya hay un impacto visible en las tasas de los TES y en el mercado cambiario. Además, este anuncio le brinda espacio al Banco de la República para no continuar incrementando sus tasas de interés, frenando la tendencia alcista hacia finales de este año.