Cuando hablamos de la guerra en Ucrania, no solo hay que fijarse en la magnitud del conflicto, sino también en la velocidad con la que están cambiando las tecnologías. Esta es una de las principales ideas que se desprenden de la entrevista de la Fundación FAES a Guillem Colom, doctor en Seguridad Internacional, en la que analiza cómo la revolución digital está transformando la política de defensa y, especialmente, la experiencia que está dejando dicha guerra.Una de las afirmaciones más interesantes de la entrevista es que en Ucrania, ambos ejércitos están cambiando la forma de combatir casi cada día. La frase resume una de las características más importantes del conflicto. La aparición de una nueva tecnología o de una nueva táctica obliga rápidamente al adversario a encontrar una respuesta. Cuando un determinado sistema deja de ser eficaz porque el enemigo ha aprendido a detectarlo, bloquearlo o destruirlo, es necesario modificarlo o buscar una alternativa. La guerra se convierte así en un proceso permanente de aprendizaje y adaptación.Los drones, los protagonistas de una guerra que evoluciona cada día Los drones son probablemente el ejemplo más claro de esta transformación. Su utilización para observar el campo de batalla, localizar objetivos o realizar ataques ha cambiado la relación entre tecnología y coste. Sistemas relativamente baratos pueden poner en peligro equipos militares mucho más sofisticados y caros. Pero la importancia de los drones no está solo en sus capacidades individuales, sino en la rapidez con la que pueden modificarse y adaptarse a las necesidades del combate. En Ucrania, la innovación tecnológica se produce muchas veces sobre el propio terreno y en periodos de tiempo muy reducidos.Esta evolución está creando además lo que Guillem Colom identifica como un campo de batalla cada vez más transparente. La proliferación de sensores, drones, satélites y sistemas de información hace más difícil ocultar los movimientos de las tropas. Saber dónde está el enemigo y transmitir esa información rápidamente puede ser tan importante como disponer de un arma capaz de destruirlo. De ahí la creciente importancia de los sistemas de mando y control, la guerra electrónica y la protección de los datos. En el conflicto moderno, atacar el "cerebro" del adversario puede ser tan decisivo como atacar sus unidades sobre el terreno.La inteligencia artificial aparece igualmente como uno de los elementos que pueden transformar las operaciones militares. La enorme cantidad de información disponible obliga a procesarla con una rapidez que supera las capacidades humanas. No obstante, la tecnología no elimina la necesidad de tomar decisiones estratégicas. La guerra de Ucrania demuestra que las herramientas digitales pueden proporcionar nuevas capacidades, pero también en factores tradicionales como la logística, la industria, la producción de munición y la capacidad de mantener el esfuerzo bélico prolongado continúan siendo fundamentales. Los drones FVP son pequeños y baratosPrecisamente ahí está una de las grandes lecciones del conflicto. La guerra del futuro no será necesariamente una sustitución de soldados, los tanques o la artillería por robots y sistemas autónomos. En Ucrania conviven tecnologías muy avanzadas con trincheras y métodos de combate que recuerdan a conflictos de otras épocas. Lo verdaderamente novedoso es la combinación de ambos mundos y, sobre todo, la velocidad con la que los ejércitos deben adaptarse.Todo esto plantea una cuestión especialmente importante para Europa: la necesidad de disponer de capacidad tecnológica e industrial propia. Si los conflictos dependen cada vez más de drones, sensores, software, componentes electrónicos y sistemas de comunicación, la autonomía en materia de defensa adquiere una gran importancia. La principal enseñanza de Ucrania parece clara: en las guerras actuales no basta con tener mejores armas. También es necesario aprender más rápido que el adversario, innovar constantemente y ser capaz de transformar esa innovación en una ventaja militar antes de que el enemigo encuentre la manera de contrarrestarla.