-Frente a la crispación ¿ve posible un entendimiento? -El entendimiento siempre es posible si existe la voluntad de entenderse. Y además es lo más inteligente. Los juegos de suma positiva son más rentables que los de suma cero: es más beneficioso generar aliados que adversarios. Y es que la unión hace la fuerza. La última victoria de la selección española de fútbol fue una prueba más, de las mil que hay, a favor del entendimiento. -¿Cómo ve nuestra sociedad respecto a la ética? -Muy baja de moral, muy desmoralizada. Los continuos escándalos de corrupción muestran que las actividades sociales no se dirigen a las metas que les dan sentido y legitimidad, como pueden ser en la política buscar el bien común. Pero entonces las actividades se corrompen y todo huele a podrido. -¿Persiste la desafección general por los problemas y dolores de los otros? -La justicia y la compasión son virtudes muy olvidadas. Si somos incapaces de ponernos en el lugar de los otros y cuando sufren ayudarles a salir de su sufrimiento, continuará el olvido de los débiles. -¿Se ha enquistado la aporofobia en la sociedad? -La aporofobia es el desprecio al pobre, y tiene bases cerebrales, pero podemos superarla, porque los seres humanos somos biología, pero también cultura. Por eso la educación es clave. -¿Cuáles son las exigencias de justicia que no se pueden olvidar sin caer en la inhumanidad? -La clave es que las personas tienen dignidad, y por eso no se les debe instrumentalizar jamás. Son sagrados sus derechos civiles y políticos, pero también los económicos, sociales y culturales. Construir democracias liberal-sociales es el camino. -¿Sigue pensando que a los políticos no les preocupa el bien común, sino su propio bien y seguir en el poder? -Por supuesto que lo pienso, porque es una evidencia y cada vez más si cabe. El llamado «juego político» es un conjunto bochornoso de estrategias, de cálculo cuantitativo para permanecer en el poder sin término. No tiene nada que ver con una democracia deliberativa, sino con una agregación de intereses particulares, al que se suma el griterío de la calle. Pero la democracia tiene que ver con el debate sereno y competente, no con la manipulación de las emociones y las soflamas. -¿Le inquieta la IA? -La IA tiene un poder que debemos aprovechar con mucha prudencia para que no dañe, pero sí que nos permita empoderar a las personas para que puedan llevar adelante sus planes de vida en un marco de justicia. -¿Hay algún atisbo de optimismo? -Optimismo y pesimismo son estados de ánimo, que varían continuamente. No me interesan. Me importa la esperanza: esa virtud que se cultiva día a día porque lo esperado merece la pena. En este caso, el bien de las personas.