Al introducir el gen de un tardígrado japonés en células humanas, científicos han dotado a nuestro ADN de una protección que la evolución nunca nos otorgó

Wait 5 sec.

Un animal microscópico capaz de sobrevivir a la desecación, el frío extremo y dosis extraordinarias de radiación escondía una herramienta que nuestras células nunca desarrollaron. En el año 2016, investigadores japoneses identificaron en el tardígrado Ramazzottius varieornatus una proteína llamada Dsup y dieron un paso insólito: hicieron que células humanas cultivadas pudieran producirla. Cuando las bombardearon con rayos X, su ADN sufrió aproximadamente la mitad de fragmentación que el de células normales. La evolución había construido durante millones de años un escudo molecular para proteger al tardígrado.Los científicos consiguieron trasladar parte de ese escudo a nuestras células.Diminuto, pero descomunal. Lo hemos contado otras veces. Los tardígrados apenas alcanzan un milímetro y pueden encontrarse en lugares tan corrientes como musgos y líquenes húmedos. Su fama procede de lo que ocurre cuando el entorno deja de ser acogedor: algunas especies soportan desecación extrema, temperaturas extraordinariamente bajas, enormes dosis de radiación e incluso exposición al vacío espacial.Buena parte de esa resistencia está relacionada con su capacidad para entrar en un estado denominado tun, durante el que reducen drásticamente su actividad y despliegan diferentes mecanismos para conservar intactas sus estructuras celulares hasta que regresan condiciones favorables. En Xataka Los tardígrados han superado otro desafío, pero este es más 'loco' que ningún otro: uno de ellos ha intervenido en un entrelazamiento cuántico Un arsenal que no necesitábamos. La explicación probablemente comienza millones de años atrás, cuando los antepasados acuáticos de los tardígrados colonizaron ambientes terrestres y se enfrentaron al riesgo de secarse. En lugar de desarrollar una cubierta impermeable como otros animales, evolucionaron mecanismos capaces de preservar sus células cuando desaparecía el agua. Proteínas especiales estabilizan componentes celulares y ralentizan su deterioro, mientras otras defensas protegen estructuras concretas. Esa adaptación terminó teniendo una consecuencia extraordinaria: mecanismos desarrollados frente a la desecación también resultaron útiles contra amenazas como el frío y la radiación. Japón encuentra una proteína. En 2016, un equipo dirigido por investigadores de la Universidad de Tokio secuenció con gran precisión el genoma de Ramazzottius varieornatus, una especie especialmente resistente, y encontró una proteína desconocida a la que llamó Dsup, abreviatura de Damage suppressor.Dsup se concentra en el núcleo celular y se asocia con el material genético, proporcionando una protección que actúa antes de que determinados daños tengan que ser reparados. Investigaciones posteriores publicadas en eLife mostraron que interactúa con los nucleosomas, las estructuras alrededor de las cuales se organiza el ADN, y puede reducir el ataque de radicales hidroxilo extremadamente reactivos. Fabricando Dsup. El equipo japonés introdujo en células humanas HEK293 la información genética necesaria para producir Dsup y después las sometió a rayos X junto a células normales. Tras una dosis de 10 Gy, alrededor del 33% del ADN aparecía fragmentado en las células de control, frente a aproximadamente el 16% en aquellas que expresaban la proteína del tardígrado. Los investigadores observaron además que las células modificadas conservaban mejor su capacidad de proliferar después de la irradiación. Una defensa surgida en la historia evolutiva de un animal microscópico funcionaba también cuando era trasladada a células humanas. Diez años después. El experimento de Tokio abrió una línea de investigación que continúa activa. Los trabajos posteriores han estudiado cómo Dsup interactúa con la cromatina, cómo responde frente al estrés oxidativo y qué mecanismos explican su efecto protector, y nuevas investigaciones publicadas en 2026 siguen encontrando beneficios en células de mamífero bajo determinadas condiciones. Dsup forma parte además de un repertorio mucho mayor: los tardígrados utilizan proteínas intrínsecamente desordenadas y otros mecanismos celulares para preservar componentes diferentes cuando las condiciones se vuelven extremas. Su resistencia extraordinaria parece ser el resultado de varias soluciones biológicas funcionando conjuntamente. En Xataka Se ha descubierto nueva especie de tardígrado: es un fósil con alto nivel de conservación único en su categoría La tentación de llevarlo nosotros. Qué duda cabe, las posibles aplicaciones resultan evidentes y todavía enormemente experimentales. Comprender Dsup podría inspirar nuevas estrategias para proteger tejidos sanos frente a determinados daños asociados a la radiación o ayudar a investigar formas de reducir algunos efectos de la exposición prolongada a radiación espacial en futuras misiones. El salto entre proteger células cultivadas y proteger un organismo humano completo es gigantesco: por ejemplo, introducir Dsup en personas plantearía problemas de eficacia, seguridad, distribución y consecuencias biológicas que estos experimentos no resuelven. Sea como fuere, por ahora, el logro es mucho más concreto y suficientemente extraordinario por sí mismo: investigadores japoneses tomaron una protección molecular desarrollada por un tardígrado y consiguieron algo extraordinario: que funcionara dentro de células humanas.Imagen | Kiosya Y, Vončina K, Gąsiorek P , Eye of Science, Rpgch En Xataka | ¿Es habitable Marte? Por el momento, el ser más indestructible de la Tierra no es capaz de sobrevivir a su sueloEn Xataka | La NASA ha pedido a dos astronautas que salgan al exterior de la ISS a comprobar si hay organismos vivos - La noticia Al introducir el gen de un tardígrado japonés en células humanas, científicos han dotado a nuestro ADN de una protección que la evolución nunca nos otorgó fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .