Lo que Messi le enseña a la insultocracia

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Se puede competir sin agredir. Esa es la enseñanza de Messi, desde el principio al fin de su carrera.Pero la indignación es un combustible barato y abundante. Cada alarido engendra otro alarido, y la conversación pública se convierte en una cancha embarrada donde nadie juega y todos se pegan.