Rafa Guerrero, psicólogo: «Un adolescente de 15 años con TDAH puede tener un cerebro de un niño de sexto de primaria»

Wait 5 sec.

Aprender a concentrarse o a controlar los impulsos durante la infancia y la adolescencia no siempre resulta un camino sencillo. Cuando un chico tiene trastorno por déficit de atención e hiperactividad, lo que se conoce de forma habitual como TDAH , este proceso requiere un esfuerzo añadido por parte de los padres y de los profesores. Para entender mejor qué ocurre en estas edades, el psicólogo Rafa Guerrero ha compartido una explicación muy sencilla a través de sus redes sociales a raíz de una charla con varias compañeras de profesión. En ese mensaje, el especialista aclara una de las dudas más repetidas en las familias. El TDAH no tiene nada que ver con la capacidad mental ni significa que el niño sea vago o menos listo que sus compañeros. De hecho, la mayoría de los chicos con este diagnóstico presentan un nivel de inteligencia normal o incluso superior a la media. Lo que pasa en realidad es que su cerebro maneja la atención, la inquietud y la conducta a un ritmo totalmente diferente. Para que todo el mundo lo entienda sin complicaciones, el psicólogo utiliza un par de ejemplos muy claros. Por un lado, comenta que es como si estos pequeños avanzaran en su rutina diaria con el freno de mano puesto a nivel cerebral . Les cuesta bastante más organizar sus propias fuerzas, no porque no quieran hacer los deberes o escuchar en clase, sino porque esa tarea les exige un desgaste mucho mayor que al resto. Por otro lado, habla de una especie de señal de wifi interna que va con más lentitud . La capacidad para aprender cosas está ahí intacta, pero la red encargada de frenar los impulsos y guardar la atención necesita más tiempo para procesar lo que pasa a su alrededor. Eso explica por qué se despistan con facilidad ante tareas largas que les resultan aburridas, o por qué a veces responden o actúan sin pararse a pensar en las consecuencias. Uno de los datos más importantes que aporta Rafa Guerrero se refiere al tiempo que tarda el cerebro en completar cada etapa del crecimiento. Diversos estudios del ámbito de la psicología muestran que en el TDAH se produce un retraso en la maduración que puede llegar a representar un tercio del desarrollo habitual . Esta diferencia no afecta a lo listo que sea el menor, sino al modo en que la cabeza se conecta por dentro y coordina las acciones. Como ejemplo, el experto explica que «un adolescente de 15 años que tiene TDAH puede llegar a tener la conectividad cerebral de un niño de 10 años que está en quinto o sexto de primaria» al restar ese margen de un tercio. Saber esto ayuda a comprender por qué a esa edad a veces les cuesta tanto organizarse solos, recordar sus obligaciones o comportarse con la madurez que se espera para sus años. Tener claro que cada niño lleva su propia velocidad sirve para evitar discusiones en casa y quitar ese sentimiento de culpa que arrastran muchos padres. Los profesionales coinciden en que adaptar las exigencias al momento real en el que se encuentra el menor facilita mucho la convivencia y el rendimiento en los estudios. Entre los pasos más prácticos para aplicar a diario está el de dividir los trabajos largos en partes pequeñas y fáciles de terminar. Poner horarios con dibujos o listas de tareas a la vista ayuda a que el estudiante se guíe sin agobiarse. También conviene alternar los ratos de concentración con pequeñas pausas para moverse, ya que la actividad física les permite soltar tensión y volver a centrarse. Ante cualquier duda que vaya a más, la mejor opción pasa siempre por consultar con profesionales de la psicología o la pedagogía para saber cómo actuar en cada momento.