Analizaron cerca de 16.000 genomas antiguos y encontraron que la evolución humana no se había detenido. El pelo rojo era una de las claves de cómo seguimos mutando.
Un análisis de miles de genomas antiguos sugiere que la evolución humana continuó tras la prehistoria e incluso se aceleró en ciertos periodos. Algunos cambios siguen visibles en nuestra apariencia.