Baena acaricia, Cuti Romero golpea y el Atlético gana

Wait 5 sec.

Atascado, dominando pero sin asustar de verdad, el Atlético se ató a la prodigiosa diestra de Baena y a la raza del Cuti Romero para firmar una victoria en Vitoria, valga la cuasi redundancia, que no conocía desde hace casi seis años. Expiraba el encuentro con un rácano empate cuando la pelota cayó a pies del '10' rojiblanco. Este levantó la cabeza y, a la vez, dibujó con el exterior del pie derecho un majestuoso pase que halló en el segundo palo el salto felino y el golpeo contundente de cabeza de Cuti Romero, un central de los de antes. Golazo y triunfo vital. Simeone había decidido confiar en la amplitud de la plantilla e ideó un once más fresco que talentoso, reservando en el banquillo a jugadores recién aterrizados del inusualmente largo parón de selecciones. Junto a él se sentaron de inicio piezas de la importancia de Pubill, Baena y Kang-In Lee. Quizás como fruto de esas novedades amaneció el equipo rojiblanco un tanto perezoso. O despistado. Vivió casi un cuarto de hora inicial en su medio campo, sin apenas argumentos para cruzar el ecuador e inquietar al club local. El Alavés salió inquieto, en el mejor sentido de la acepción. Presionó, fue fuerte a los duelos y decidió explorar la vía de su banda derecha. Encargó la misión a Ángel Pérez, que amenazó con desnudar las flaquezas defensivas de Grimaldo, uno de los fichajes en los que más esperanzas tiene puestas la parroquia colchonera. El extremo vitoriano arrancó dos o tres veces con aviesas intenciones, pero le faltó la guinda final para poner de verdad en aprietos al Atlético. Es cierto que el lateral izquierdo rojiblando sufre más de la cuenta cuando le aprietan, pero no lo es menos que su bien ganado prestigio está cimentado sobre todo en su aportación ofensiva, muy elevada para lo que suele ser habitual en un defensa. Y en cuanto pudo, Grimaldo honró esa fama como mejor sabe. Apareció como un rayo por la izquierda, dibujó una precisa y veloz combinación con Jonathan David, y descargó a la red uno de sus providenciales zurdazos. Conviene no perder de vista la aportación en este lance, y en todo el juego de ataque del club madrileño, del canadiense coprotagonista en el tanto inicial . Siempre atento y casi siempre bien colocado, oxigena y aporta criterio a las acciones peligrosas que rondan el área contraria. Volviendo a Grimaldo, el gol le dio alas a él y al Atlético. El conjunto rojiblanco ya se había adueñado del partido merced al criterio del buen trío de centrocampistas compuesto por Cardoso, Koke y, fundamentalmente, Barrios. Cuánta falta le hace al equipo la definitiva eclosión del joven talento. Por momentos, dejó destellos de aquellas inolvidables escenas de dominio y mando con las que deslumbró antes de su calvario de lesiones. Con viento a favor, los visitantes afianzaron el control del encuentro y se dispusieron a buscar sin prisa pero con tesón un triunfo que se les resiste en Mendizorroza desde hace más de un lustro (enero de 2021). Se adueñaron del balón y circulaban con serena confianza hacia el intermedio cuando de pronto apareció Le Normand. No es la primera vez que el central la lía. Y cuando lo hace siembra dudas sobre la gravedad de la acción, pero lo que no puede negar es el riesgo extremo al que se expone en esas maniobras tan peliagudas como evitables. Tiene la manía de agarrar con demasiado descaro a los delanteros y, claro, si en tal lance te abrazas a un tipo listo como Boyé, este te saca un penalti y, de remate, lo ejecuta. Empate y atléticos cabreados al descanso. Simeone no lo vio claro, así que resolvió no esperar. A la vuelta al césped tiró de Baena y de Julián Álvarez. Artillería fina en busca de la victoria. Y poco después, más pólvora: Kang-In Lee. No fue suficiente. El equipo, atascado, no supo poner en verdaderos apuros al Alavés. El Atlético dominó, apretó y encerró al equipo vasco, pero las medio ocasiones de gol más peligrosas llegaron en disparos lejanos. Y eso que en el minuto 60, el árbitro expulsó a Ángel Pérez. Con un hombre más, a los hombres de Simeone les costó pisar el área. Hasta que la pelota llegó a Baena.