El mar Muerto está fabricando su propio clima extremo mientras desaparece: cuanto más agua pierde, más se calienta y más rápido se evapora

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El mar Muerto lleva décadas retrocediendo, pero no solo preocupa la pérdida de agua. Un estudio revela que, al encogerse, este enorme lago salado también puede calentarse por sí mismo, favoreciendo que siga evaporándose.El aire más cálido no explica todo. La concentración de sal también modifica cómo pierde calor el agua. Este mecanismo podría explicar antiguos mares desaparecidos.La sal está haciendo que el mar Muerto conserve más calor Las formaciones salinas del mar Muerto reflejan la elevada concentración de minerales de sus aguasEntre 1979 y 2019, el nivel del mar Muerto descendió unos 34 metros. Durante esos mismos años, sus aguas profundas se calentaron 2,8 grados y las superficies alrededor de 1,7. El desvío de agua de sus afluentes ha contribuido al descenso.Científicos del centro alemán GFZ Helmholtz y de la Universidad de Binghamton elaboraron un modelo basado en mediciones reales. Lo ajustaron con datos recogidos entre 2012 y 2015 y consiguieron reproducir las temperaturas observadas desde 1979. Los resultados se publicaron en Geophysical Research Letters.Sus cálculos indican que el calentamiento del aire aportó aproximadamente 1,3 grados al aumento registrado en profundidad, mientras que la bajada del nivel del agua añadió otros 1,5 grados.Parece contradictorio: al evaporarse, el agua se enfría, como el sudor sobre la piel. Sin embargo, cuanto más concentrada está la sal, más difícil resulta que el agua se evapore y escape ese calor. El lago se calienta y esa temperatura puede mantener la evaporación.El calor llega también a las profundidades mediante movimientos entre capas de distinta temperatura y salinidad. Otros trabajos estudian cómo los océanos transportan y retienen calor, pero aquí intervienen la sal y la pérdida de agua.El futuro del lago también ofrece pistas sobre mares desaparecidosEl futuro también preocupa, y las emisiones pueden influir. En una simulación que supone la interrupción de todos los aportes de agua, el modelo calcula que el nivel podría caer otros 85 metros de aquí a 2100, mientras la temperatura del agua subiría entre 5 y 8 grados.De igual manera, es importante remarcar que no es una predicción inevitable: supone condiciones que quizá no se cumplan. Recuperar las entradas históricas de agua dulce frenaría el descenso y ese calentamiento.Además de mirar al futuro, el estudio también mira al pasado. Al simular un Mediterráneo completamente aislado del océano, los investigadores observaron que podía calentarse unos 20 grados y perder 2.500 metros de nivel en unos 8.000 años, dejando enormes depósitos de sal. Eso no demuestra que su historia real ocurriera exactamente así.La sal todavía sorprende, como muestran las piscinas extremadamente saladas descubiertas en el mar Rojo. En el mar Muerto, la advertencia es más inmediata: perder agua no solo reduce su tamaño, también transforma su temperatura.