Lourdes (61) presume de ser un «bicho raro» y de tener poco filtro. «Digo lo que pienso, lo suelto, y ancha es Castilla», avisó en su presentación en 'First Dates'. La soltera acudió al restaurante del amor con las ideas muy claras y unas expectativas tan particulares como ella misma. Su cita perfecta debía ser «alto, guapo, con buena figura y de Bilbao». Al describirlo, tenía a una persona en mente: Carlos Sobera. «Me gustan los hombres como él. Un poquito más jóvenes, eso sí», puntualizó. Bilbaína de pura cepa, aunque afincada en León, Lourdes se dedica «a la vida contemplativa» desde que tuvo que prejubilarse tras sufrir un grave accidente y después un ictus. En el terreno sentimental, le contó al presentador que lleva meses sin pareja, aunque tampoco la necesita. Solo busca un hombre que la acompañe en sus viajes y que no quiera nada serio, pues se considera demasiado «especialita» para la convivencia, le gusta ir a su bola y no rendir cuentas a nadie. En resumidas cuentas, Lourdes no buscaba encontrar el amor, sino «un amigo con derecho a roce», una petición que descolocó a Sobera. «Esto ya son modernidades… Esto en Bilbao no se acostumbra», reaccionó el Cupido de 'First Dates' al escuchar las curiosas demandas de la pensionista. El 'dating show' emparejó a Lourdes con Eduardo (58), un gaditano afincado en Salamanca que se apunta a un bombardeo. Sin embargo, la soltera no tardó ni un minuto en dejar claro lo poco que encajaba en su prototipo. «Me ha parecido un poquito esmirriado. No es el tipo de hombre que me gusta a mí ni de coña», sentenció ante las cámaras nada más verlo. Tampoco le pareció lo suficientemente joven. «Lo he visto un poco pureta, como los del Imserso. Y como tema de conversación tampoco es que sea una eminencia», añadió. Eduardo acabó también llegando a la conclusión de que sería difícil que una relación entre ellos atracara en buen puerto. El carácter de Lourdes le resultaba demasiado serio, «muy del norte» incluso para ser vasca. Justo después, ella le comentaba a su cita que no buscaba una relación estable, sino un «aquí te pillo, aquí te mato». La confesión dejó a Eduardo bastante sorprendido. Lo último que se esperaba de una mujer como Lourdes era que quisiera «quedar un fin de semana para echar un casquete», se sinceraba en los totales. En el reservado, la pareja acabó la velada marcándose un baile al mismo son que la cena: distante. A la hora de tomar la decisión final, Lourdes ni siquiera esperó a que los redactores le preguntaran si quería una segunda cita con Eduardo. Ya se encargó de dejar claro que él no era lo que esperaba.