Cuando pensamos en alguien utilizando ChatGPT en su trabajo, probablemente no nos venga a la cabeza un carpintero en pleno desierto de Atacama. Pues quizá debería, porque Alejandro Morales está dando un curso gratuito de inteligencia artificial pensado para carpinteros, albañiles, fontaneros y electricistas, con una idea muy concreta: la IA como ayuda, no como sustituto del oficio.Morales lo explica en la primera clase del curso, publicada en su canal de YouTube Carpintero del Desierto. Allí enseña cómo utiliza él mismo estas herramientas. El planteamiento es ChatGPT como asistente del profesional: puede ayudar a pensar, diseñar, calcular, organizar o comunicar mejor un encargo, pero las decisiones siguen dependiendo de quien sabe lo que está haciendo.ChatGPT puede sonar muy seguro y estar completamente equivocado "La inteligencia artificial no reemplaza el conocimiento de la gente de oficio", explica Morales. Y aquí pone una línea bastante clara: si un presupuesto, una medida o un precio generado por ChatGPT está mal y acabas utilizándolo, la responsabilidad final sigue siendo del profesional. La IA puede haberte dado el dato, pero eres tú quien decide si lo usa.Y es que ChatGPT tiene un problema muy concreto para alguien que no conozca bien aquello sobre lo que pregunta: puede equivocarse y sonar completamente seguro de lo que dice. Morales advierte precisamente sobre el riesgo de parecer experto sin serlo, mientras que alguien con experiencia sí tiene herramientas para detectar cuándo una respuesta no encaja con la realidad.También menciona una cifra bastante contundente: según él, más del 95 % de quienes utilizan inteligencia artificial lo hacen mal. Morales no concreta de dónde sale ese porcentaje, así que hablamos de una cifra del 95 % sin fuente identificada. El dato le sirve para volver a la misma idea: aceptar el primer resultado no basta; hay que revisarlo antes de usarlo.Su explicación de cómo funciona ChatGPT tampoco intenta complicar demasiado las cosas. Lo compara con el autocompletado que podemos encontrar en WhatsApp, aunque evidentemente sea mucho más complejo, porque la idea es parecida: predecir qué viene después. El problema son las respuestas convincentes que pueden estar equivocadas, sobre todo cuando quien las recibe no sabe suficiente para darse cuenta.La IA tampoco se está quedando en las oficinas José Elías también habla de las IA fuera de las oficinasY tampoco es el único carpintero que está llevando estas herramientas al taller. Fabricio "El Tano" ya contaba hace unos días cómo había empezado a integrar la IA en su trabajo diario, por ejemplo para enseñar acabados a sus clientes. En ambos casos, hablamos de una herramienta añadida al oficio, no de una forma de saltarse el aprendizaje necesario.Algo parecido ocurre fuera de la carpintería de madera. Sergio Boj, carpintero metálico, explicaba recientemente que la falta de mano de obra cualificada le obliga a recurrir cada vez más a máquinas. En su caso son más máquinas ante la falta de trabajadores: cambia la herramienta y cambia el motivo, pero la tecnología también acaba entrando en el taller.Morales señala además un problema bastante cotidiano: en los talleres se habla con abreviaturas, nombres propios de cada oficio y expresiones que una IA puede interpretar mal. Aprender a explicarse mejor ayuda, claro, pero el criterio de quien conoce el oficio sigue siendo necesario. Si una respuesta no tiene sentido, alguien tiene que ser capaz de verlo.Por eso el curso no pretende convertir a carpinteros, albañiles o electricistas en especialistas en inteligencia artificial. La idea es más sencilla: usar la IA para resolver problemas reales del trabajo sin entregar decisiones que siguen siendo suyas. Morales lo resume al final de la lección: "Usted es el maestro, usted es el experto, la IA simplemente es un asistente".