La vaca, de raza frisona , había pasado sus primeros cinco años pastando en las praderas de Holanda entre ordeño y ordeño. Después disfrutó de un retiro dorado, completando la dieta de forraje con abundante cereal, hasta que estuvo lo bastante rolliza para entregar la vida. Lo más jugoso de su anatomía pasó veintidós días esperando a que se asentaran en ella los rigores de la muerte. Después, un corte limpio y un atemperado paciente, antes de caer graciosamente sobre el diván metálico donde revelaría sus secretos. Pero en ocho minutos, todo se puede ir al traste. «A poco que te distraigas te cargas el trabajo de años», confirma Mohamed El Hamdy, que acaba de coronarse como el mejor parrillero... Ver Más